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 Del Circo a la Cita...

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Manzhanakaiyr
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Fecha de inscripción : 13/01/2011
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MensajeTema: Del Circo a la Cita...   Sáb Feb 12, 2011 10:05 pm

Ante la insistencia de su hermana menor que, al ver en un volante, se enteró de que el circo había llegado a la ciudad y le rogó que la llevase, la peliverde no tuvo mucha opción, además de aceptar la petición de su hermana menor. Pero por supuesto que jamás se hubiese imaginado que el mensajero de la empresa fuese invitado por la pelirrosa.
Ya no tenía arreglo, ya estaban ahí y no parecía que hubiese cómo arreglarlo. Desgraciadamente, para llegar al colmo, tenía que haber perdido a aquél par de jovencitos inmaduros. Vamos, erán jóvenes, lo entendía, pero debían mantenerse al margen y comprender que quién los estaba llevando era Morrigan, por lo que al menos se merecía que no la dejasen sola.
¿Ya qué? Se dedicó a buscarlos entre la multitud de gente que compraba aperitivos antes del show, luego pasó a la exposición de animales exóticos, pero igualmente no resultaba. Al final, decidió entrar y buscarlos entre las personas que se sentaban, pero no estaban. Se cansó de ello, ni siquiera le gustaban los circos y estaba ahí solo por complacer a una hermana que, bien, pudo haberse preparado la cita con Dante para ir a solas en la motocicleta del muchacho. Sí, era el colmo de los colmos que ella fuese chaperona y ahora, tuviese que buscarlos.
Buscó el resultado fácil y marcó a su teléfono móvil, pero la pelirrosa no contestaba. Optó por la segunda opción de llamada, Dante, pero el muy idiota tampoco atendía. Suspiró... sí que era irritante. Decidió que rondaría de nuevo por afuera y seguiría intentando llamarles para no tener que estar entrando a la carpa, menos mal que ese día usaba jeans e iba sencilla para no demostrar que era la viuda de Kohl o, lo que es más, para no cansarse de tanto esperar a un par de niñatos torpes que se le perdieron.
Insistió e insistió, pero jamás atendieron a sus llamadas, por lo que llegó el final de la función... ¿Cuánto tiempo había pasado? Le habían parecido unas diez horas al menos, aunque seguro solo habían sido dos. Esos muchachos la tenían con los pelos de punta.
Al ver salir a las personas, esperó intentando identificarlos...no sería difícil identificar una cabellera rosada y corta como la de Lillit .sin olvidar ese atractivo dulce que tenía por su edad, aunque demasiado plana para ella. Tampoco sería difícil identificar a un pelirrojo vestido como delincuente. Suspiró, pues pasaba tanta gente y no identificaba a ningúno y, aunque se supone que sienta a Lillith a kilómetros de distancia por su vínculo, le era imposible hacerlo ahora, quizá era por el estrés del trabajo, junto a la hermandad y...ahora esto.
Intentó hacer una última llamada, pero no funcionó.
-Tsk...los voy a....


La presentación del circo para el día era la usual; la carpa estaba llena de curiosos que venían a contemplar el magnífico espectáculo que el Macabre Circus prometía a su público. Se podía ver a los chiquillos emocionados colándose a las primeras filas para ver de cerca la presentación mientras que los más temerosos se ocultaban tras sus padres o algunos amigos justo antes que comenzara la función, la cual fue tan magnífica como siempre. Una vez terminado el espectáculo, Sebastián se escurrió tras bambalinas para cambiar los estrafalarios atuendos por uno que fuera más acorde a su personalidad; Se decidió por unos pantalones de lino, una camisa blanca y un saco largo. Para cuando salía del lugar, descubrió a un par de chicos que, entre risas, rondaban por la parte trasera del circo. No debían estar ahí. Se les acercó por la espalda sigilosamente y los tomó a cada uno de una muñeca. – Jóvenes, este no es lugar para jugar… - Exclamó el joven pelinegro sin perder su aspecto cordial, aunque siempre altivo. Los llevó hasta la entrada de la carpa, aunque estos protestaran un tanto, y una vez allí recorrió rápidamente con la mirada a los presentes; todos se veían felices, alegres, reian y bromeaban… excepto una joven de lacios cabellos verdosos que, impaciente, parecía buscar a alguien con la mirada. Se le acercó lentamente y le tocó el hombro para llamar su atención. – Disculpe, señorita… - Musitó - ¿Acaso es esto lo que se le ha perdido? – Inquirió, mirándola fijo con sus ojos vinotinto.

Era de esperarse que estuviese impaciente, pues aquellos chiquillos traviesos parecían tomarse su tiempo, lo que era de mayor molestía para Morrigan. Al escuchar aquella voz masculina llamarle, le extrañó un tanto, pues no le era familiar, pero al ver a aquellos dos muchachos y escucharle, entrecerró, furiosa, ambos ojos, demostrándole qué tan molesta estaba por sus juegos infantiles.

Obviamente esto último provocó que los menores reaccionasen con algo de temor, con un estremecimiento provocado por la frialdad de esa mirada aseinas y, de inmediato, fuesen a tomar como escudo a aquél que los había llevado ante la que ahora parecía su verdugo.

-Sí -contestó al hombre, dirigiéndole un mirada ya un poco calmada, más sin embargo seria, mientras que cruzaba ambos brazos con delicadeza sobre su pecho, inclinándose a recargarse en su pierna derecha con ligerés-, este par me pertenece -agregó con seriedad, sin llegar a sonar ególatra o siquiera demasiado molesta, simplemente... ¿Normal?

Volvió a mirarlos molesta y, suspiró.

-Se lo agradezco mucho, tengo horas buscándolos -dijo con algo de alivio, pero sin dejar de notarse ese tono de seriedad-. Espero que no le hayan causado molestías -y, dando a notar un sentimiento crudo hacia los muchachos, para mirarlos con molestia una vez más a ambos, agregó:-, en todo caso, no se preocupe, ya les daré reprimenda llegando a casa -ambos de cohíbieron, ocultándose más detrás del pelinegro que los había revelado-. Andando, no olviden disculparse.


-¡Perdón Morrigan!

-¡Conmigo no!

En cierto modo le divirtió ver la mirada de la joven y voluptuosa peliverde hacia los dos menores. Seguramente se trataba de su hermana o algo así, ya que no aparentaba la suficiente edad como para ser su madre. Su mirada severa y fría por un instante le recordó a la de su jefe, quien lo observaba del mismo modo cuando no hacía algo bien. – Lo suponía al ver su visible impaciencia… - Exclamó, sereno, notando que los menores se escondían tras su figura, cosa que le divirtió aún más – No se preocupe, no han causado ninguna molestia – Aseguró el pelinegro, observando las maneras de la joven y los dos chiquillos. Le resultaba divertido, más cuando aquellos chicos se disculparon con la joven, y ella de igual forma les reprendió. No pudo evitar una leve risa que intentó disimular. – Son solo niños, creo que es normal que hagan cosas como esas – Comentó el pelinegro, notando que estos no parecían querer volver con la peliverde – Pero me parece que ya se han dado cuenta que han obrado mal, señorita… - Comentó. No era su deseo evitarles la reprimenda a los otros, era un simple comentario a causa de la situación.

Lo escuchó atento, más suspiró cuando terminó de hablar.

-No son niños...aunque aparenten dieciséis o diecisiete ambos tienen diecinieve años de edad y son un par de inmadura...mi molestía no solo es porque me tienen como estúpida buscándolos desde antes de que comenzase la función, sino que me sacaron de mi trabajo para que los trajera aquí -dijo frunciendo cada vez más y más el ceño-, cuando estaba en algo sumamente importante y...luego... -apretó ligeramente sus puños ante todo ello-, este par tendrá el doble de trabajo durante los próximos tres meses, sin olvidar que los mantendré aislados y lejos el uno del otro -dijo casi mascullando de la molestia-. Y no quiero protesta, ¿entendieron? -dijo mirándolos de forma severa, para suspirar una vez más-. De nueva cuenta, le agradezco por traerme a estos tontos -dijo intentando calmarse un poco-, también por la molestía de tener que tolerar todo esto, espero no haber sido una interrupción a su trabajo -dijo haciendo un ademán en forma de agradecimiento, para volverse hacia aquellos dos-. Vamos, los llevaré a casa y se irán a dormir de inmediato, que les quedan tres meses de puro sufrimiento por delante ¿queda claro?


-¡Un momento! -reaccionó Dante-, sin... ¿Sin cenar?

-¡Sin cenar! -contestó la peliverde ante el descaro del muchacho.


- Oh, entiendo… Creo que me han engatusado a mí también…. – Admitió. Un afilada mirada se dirigió en ese instante a los no tan infantes mientras la chica los reprendía, cosa que le divertía, aunque no lo demostrase demasiado ya que su expresión era paciente y serena. Cuando volvió a disculparse, el joven negó con la cabeza, obsequiándole una galante sonrisa. - No se preocupe, ya le he asegurado que no es molestia para mí, en lo absoluto – Aseguró Sebastián – Me resulta en cierto grado, divertido – Admitió – Además, mi trabajo ya ha terminado y me parece que usted, señorita, necesita relajarse un poco… - Comentó, de manera galante y sutil – Y si no le parece un gran atrevimiento de mi parte, me ofrezco a hacerle compañía hasta que se ocupe de ellos y luego, tal vez, invitarle algo, si usted gusta… - Exclamó, con aquella seductora sonrisa suya, haciendo una media reverencia sin despegar sus ojos de la muchacha. Su carácter fuerte le divertía y le llamaba bastante la atención, debía admitirlo.

Reaccionó al escucharle, ante aquella invitación. Era educado, atractivo y muy sereno, le extrañaba eso de que le causase gracia el como remendaba a su hermana y al pretendiente de esta, por lo que le miró con cierta curiosidad. Observó fijamente, el curioso color de sus ojos, lo cual le hizo sonreír, más aún con su actitud. Le había agradado. -Creo que no podré resistirme -ambos jóvenes reaccionaron con sorpresa al escucharla-, hace tiempo que no salgo a relajarme un poco y esta salida no fue algo relajante que dígamos... ¿Gusta acompañarme hasta dejar a los muchachos o prefiere que lo espera en algún lugar? - fue totalmente directa, como solía serlo en cualquier momento que le invitasen a algo, no le incomodaba y le encantaba salir, sin embargo, desde que enviudó no podía salir mucho por manejar las empresas Kohl

Al escuchar que aceptaba, su sonrisa se amplió aún más, aunque no por ello se deformaron sus facciones elegantes. Una risa se le escapó ante su irónico comentario y ante su pregunta, le ofreció un brazo a la dama por toda respuesta. – Si no le es molesto, creo que prefiero acompañarle – Exclamó – Me hará bien un poco de aire fresco luego de tan larga función… - Aseguró, calmadamente, dejando que su acompañante marcase el paso de a donde irían, olvidándose de los causantes de aquel encuentro por instantes.

Sonrió con algo de arrogancia, aceptó su ofrecimiento y le indicó a los muchachos que los siguiesen.

- No es tan sencillo olvidarme ¿entendieron? -dijo intacta, estos reaccionaron y asintieron, comenzando a caminar frente a Morrigan-. Por acá se encuentra el auto -le indicó educada a Sebastián, señalando con la mano para que supiese por dónde ir, mientras se dirigían a un coupé plateado, le quitó la alarma al auto y le indicó al hombre que se sentase al frente-. Por cierto -dijo sonriendo, para extenderle su mano-, Morrigan Aensland.


El galante joven la acompañó hasta llegar al coupé plateado, observando divertido las expresiones desanimadas de los chicos que le acompañaban. Ante su presentación tomó su mano con la suya enguantada para besar el dorso en un gesto educado y galante al estilo inglés. – Sebastián Michaels. Es un placer conocerla, señorita Aensland – Exclamó el pelinegro, con total educación. Le abrió la puerta del coche para que la joven se subiera y luego tomó asiento en el puesto de copiloto justo al lado de ella. El auto era pequeño pero comodo, aunque sin embargo le parecía que no iba mucho con el estilo y el porte de la peliverde, más nada dijo, continuando con su expresión serena mientras ella encendía el auto y arrancaban.


Emprendió camino hacia la mansión Kohl. No hacía más que unos quince minutos de camino, pero todo este transcursos los muchachos se mantuvieron en un silencio total.

-Dijo que me invitaría algo -dijo sonriendo-, ¿puedo saber a dónde será? Quisiera poder decidir qué auto llevar y como vestir - le comentó con cortesía y voz suave, mientras entraban por delante a los grandes jardínes frontales, dándole la vuelta completa a una pequeña fuente para detenerse frente a las escaleras que llevaban a la puerta-. Acompáñeme por favor -le pidió mientras bajaba, dándole las llaves a un valet parking. Miró a los muchachos con seriedad y suspiró-. Ya saben qué hacer... Sebastian, por aquí -le indicó con una suave sonrisa, para que la siguiese hacia la entrada principal que le fue abierta por su mayordomo-. Buenas - contestó al saludo de éste último, dejándole su bolso mientras entraba al recibidor-. Nuestro mayordomo le atenderá mientras me cambio de ropas, por favor, pida lo que desee, no tardaré demasiado.



Observó atento con sus ojos de frio y silencioso cazador, el enorme recinto que se abría frente a sus ojos. Por lo visto su acompañante era poseedora de una gran fortuna. Ante su pregunta, le sonrió a penas. – Pues eso depende de a donde quisiera ir usted, señorita – Exclamó el joven – En el centro de la ciudad conozco un buen lugar, por si empieza a hacer frio, pero si lo que desea es dar un paseo, tal vez la playa sea una mejor opción – Comentó – Pero como será su auto, la decisión se encuentra en sus manos – Señaló. Bajó del auto y siguió al mayordomo hacia el salón mientras Morrigan se ocupaba de sus asuntos. Sin embargo, su curiosidad le ganó y pidió ser transferido al estudio, donde se puso a hojear los libros distraídamente mientras esperaba a la chica peliverde.

Comenzó a bajar las escaleras lentamente. Se había puesto unos tacones no demasiado altos ni ostentosos, lo contrario a su corto vestido negro estilizado, con una tela por debajo que lo hacía parecer traslucido, Le indicó a su mayordomo que le preparase un abrigo y este de inmediato se fue a la tarea. Entró al estudio, abriendo suavemente la puerta.

-Sebastian -le llamó, con una suave sonrisa-, ¿le parece adecuado esto? Sea cual sea el caso, llevaré un abrigo por el frío, no quiero pasar por una temperatura muy baja -le sonrió-. Además... ¿le parece si nos vamos en un roadster mercedes benz?


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El joven desvio la mirada de los libros, y al ver a la chica vestida de aquel modo, le sonrió con galantería. No se veía nada mal. – Le sienta perfectamente, señorita – Aseguró el joven – Y en cuanto al auto, creo que le sentaría bien con su atuendo, pero es su decisión – Exclamó el joven, sonriéndole – Después de todo, la que toma las desiciones aquí es usted, yo solo soy un simple cirquero – Aseguró el joven, antes de ofrecerle su mano para guiarla a la puerta de nueva cuenta.

Se rió por lo bajo, se encaminó hacia un perchero donde habían unas llaves y tomó unas, se acercó a él donde le extendía la mano y le entregó las llaves.

-Lléveme a donde desee... necesito algo de diversión por una noche al menos -rió por lo bajo-, maneje por mí, Sebastian, yo iré a donde quiera llevarme por hoy, seguro ya será mi turno -dijo divertida, como pocas veces se le veía con las personas, pero se sentía cómoda con Sebastian, lo que era más extraño aún, pues solo interactuaba con los mutantes.


Tomó las llaves, algo impresionado por el gesto de la joven, pero en seguida le correspondió con una sonrisa. – Bien, entonces la llevaré a “mis dominios” esta noche, Milady… - Le bromeó el joven, mientras ambos bajaban las escaleras. Una vez llegados abajo, en cuanto el mayordomo les tendió el abrigo, Sebastian lo detuvo para ser él mismo quien se lo pusiera sobre los hombros a la chica peliverde. Luego la detuvo por un instante haciendo que frente a sus ojos, de la nada, con un movimientos de manos aparecer una rosa totalmente lozana y de un curioso color vinotinto, que tendió a la joven. – Para usted… - Le dijo, con galantería. Aquel era un simple truco ilusionista, ya que la flor la había tenido en el interior del saco todo el tiempo, pero una vez había visto a su maestro hacer aquello, y desde entonces, siempre lo repetía en ocasiones como aquella. Descendieron hasta el auto que estaba en la entrada y luego de ayudar a Morrigan a subir al asiento del copiloto, tomó el del conductor y arrancó el vehículo fuera la mansión.

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Se sintió halagada ante tanto gesto, que le sostuviese el abrigo para ayudarla a ponérselo, luego la rosa la cual provocó su risa...

-Los trucos no terminan...y nisiquiera hay una carpa -dijo sonriendo, tomándola para colocarla a la vista sobre su abrigo-, lástima que no tuve la oportunidad de ver sus actos, Sebastian -dijo sonriendo con suavidad, para luego dirigirse a la puerta del copiloto para que el pelinegro le sostuviese la puerta, agradeció y subió, para arrancar-. Hace tiempo que no salgo...espero no aburrirle, Sebastian.


- No se necesita de una carpa para trucos como ese, se lo aseguro – Exclamó el joven, mientras conducía. Mientras lo hacía, durante un minuto de silencio, decidió a donde se dirigían, el atuendo de su acompañante e incluso el suyo propio no le parecían adecuados para un paseo en la playa, así que lo mejor sería ir aquella cafetería que recordaba en el centro de la ciudad. Enfiló hacia allá el coche, el cual ronroneaba deliciosamente, cosa que le sacó una sonrisa. – No se preocupe, Morrigan. Estoy seguro de que su compañía, aunque fuese en el más absoluto silencio, me resultaría igual de agradable – Aseguró – Porque he de admitir que sus ademanes me resultan, francamente, fascinantes… - Admitió, mientras se incorporaban a las calles, abandonando ya la autopista. Sebastián manejaba de manera bastante veloz.

Sonrió con cierto agocéntrismo.

-Casi olvido la última vez que escuché eso -dijo divertida, mirando hacia el frente-, esta es la segunda ocasión... debo admitir, Sebastian, que es bueno con las palabras -le sonrió directamente, con ese mismo gesto ególatra en el rostro-. Creo que los muchachos se sorprendieron de que aceptara tan fácilmente, pero hace tanto que no salgo a relajarme y, me agradó bastante su comportamiento, así que para mí no hubo ningún incomveniente... -dijo sonriendo de aquella misma forma simple para sí misma-. Sebastian... dígame, ¿hay algo fuera de lo común en usted? -fue suspicaz.


A sus palabras correspondió con la misma sonrisa, elegante y ególatra. - ¿Qué clase de cirquero sería sino pudiera encargarme de algo como eso? – Inquirió, divertido, más su directa pregunta le tomó por sorpresa un instante. Era directa, pero eso no le incomodaba. - ¿Fuera de lo común? – Repitió, con elegancia – Pues eso depende de lo que usted considere como “fuera de lo común”, Morrigan… - Comentó, haciéndose el desentendido – En este pequeño mundo hay espacio para muchas cosas extrañas… - Aseguró, como si tal cosa.

Rodó los ojos como si fuera cualquier cosa.

- Es simple... en este mundo, hay diferentes tipos de "personas" -dijo muy firme en ello-, la primera, son los simples humanos, le siguen los polítios y ricos en un mismo grupo, pero ambos se encuentran entre los Homo Sapiens... finalmente, tenemos a los Homo Superior -dijo muy segura de ello, con cierta seriedad hacia el tema, mientras sacaba de su pequeño bolso un lapiz labial-. Sabe a lo que me refiero con Homo Superior, ¿cierto? -agregó, mientras se pasaba con suavidad el lapiz sobre los labios, mirándole disimuladamente, para luego cerrarlo y guardárlo-. Mutantes.


Escuchó su charla con la misma seriedad y ligereza que si fuera una conversación sobre el clima. El auto se adentró en la ciudad, esquivando otros mientras se desplazaban entre los rascacielos y los edificios importantes hasta detenerse justo frente a un elegante edificio recubierto con paneles brillantes que reflejaban el poco sol que quedaba justo cuando Morrigan decía la palabra mutantes. Sebastián apagó el auto y luego se volteó hacia la joven peliverde. – Tiene usted un buen ojo, Morrigan – Admitió el joven, sin disimularlo demasiado – La verdad es que si hay algo fuera de lo común en mi… Al igual que en usted y en los dos jóvenes que la acompañaban, es evidente – Exclamó, el joven – Sin embargo, creo que nos divertiríamos mas, ambos, sino le dijera de que se tratan, ¿cierto? – Inquirió – Tendremos toda una noche para descubrirlo – Le sonrió y se bajó del auto, apresurándose entonces a abrirle la puerta del auto a Morrigan para llevarla al café

Sonrió, satisfecha ante todo ello. Se sostuvo de su mano para poder bajar del auto y se rió por lo bajo ante ello, acomodándose ligeramente el vestuario a la par.

-Sabía que se había dado cuenta -dijo sonriendo, para así seguirle hacia dentro del lugar-, por ello mismo, quise ser directa y preguntarlo -dijo con sencillez mientras caminaba a paso suave dentro de la instalación-. Por supuesto...tiene razón, sería más divertido mantener una plática larga sobre el tema.


La guió a través del edificio, cruzando el vestíbulo alfombrado y luego de cruzar una puerta de madera de pesado aspecto, daba la entrada al lugar; era una combinación de café/restaurante con un ambiente agradable y bastante íntimo. De inmediato un mesonero se apareció para ayudar con el saco a Morrigan, cosa que Sebastián dejó hacer por cortesía antes de que fueran guiados hasta una mesa para dos en un extremo más o menos apartado de los demás concurrentes. El joven apartó la silla a Morrigan para que esta pudiera sentarse, y luego de reverenciar a Sebastián, se retiró. El pelinegro volteó a verla. - ¿Qué le parece? – Inquirió el joven, sentándose frente a ella.

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Notó la atención que les daban de forma minusciosa, luego le sonrió al pelinegro de forma placentera y complacida, mientras se recargaba de forma suave sobre la mesa.

-Es agradable, parece ser de buen nivel, veo un par de rostros conocidos por aquí, la alta sociedad a decir verdad, aquella es la amante del senador Bob Corker que, al parecer, está con su amante, obviamente este no es el senador -dijo divertida-, hay mucho que decir -dijo encantada-, lástima que no traje la cámara, de lo contrario podría tomar bastante provecho -dijo orgullosa de sí misma-. En sí...me encanta, ha hecho una excelente elección, Sebastian...tiene buen gusto, eso me agrada. Dígame... ¿será que toca algún instrumento?


Escuchó divertido los comentarios de la joven, inclinándose hacia delante a la par mientras miraba de reojo a las personas por ella señaladas. Entretenido, sí, pero no resultaba nada útil para él ni para su maestro. – Para la próxima ocasión entonces le recordaré que debe traer una cámara – Bromeó el caballero, para luego hacer una leve reverencia de cabeza ante su halago. – Muchas gracias. Es algo digno de escucharse de sus labios – Sonrió ante la pregunta – Bueno, la verdad es que la música no es mi especialidad, pero se tocar algunas melodías e instrumentos determinados… - Comentó – Aunque si cree que esa es mi habilidad, temo decirle que va por mal camino, Milady… - Exclamó el joven, con elegancia.

Se rió por lo bajo.

-No, Sebastian... en realidad lo comentaba porque acabo de interceptar con la vista a un músico y, en realidad, gusto de la música clásica, por ello lo preguntaba -dijo con voz suave-, además, no parece un hombre que controle el sonido, yo diría que posee gran fuerza y agilidad tanto física como mental, ya que su trabajo técnicamente se lo exige, si lo miro un momento...tampoco parece ser un hombre que se lleve con la naturaleza, estimo que es algo más psicológico o quizá rudo, pero no me sería sencillo deducirlo notando esa barrera irónica que parece tener frente al cuerpo.


- Bueno la verdad es que usted parece tener la misma habilidad, la misma agilidad al menos – Comentó el pelinegro – Y en cuanto a la música, me será un placer interpretar algo para usted cuando lo deseé. Pero, si me permite decirlo, no me gustaría presumir frente a tanta gente y que luego me tomen por famoso – Murmuró – Me gusta mi trabajo en el circo, es adecuado para mis… capacidades – Admitió – Aunque he de decir que va por buen camino en sus deducciones – Aceptó. En ese momento se acercó el mesonero a tomar la orden. - ¿Qué desea pedir, Morrigan? - Preguntó, educadamente.

- Se podría decir que sí a la habilidad... -dijo, para cuando habló sobre la musicale provocó que riese un poco-. Tagliatelle con salsa de almejas, por favor... y si me deleita con una copa de Cabernet Sauvignon Pinot Noir del noventa y seis, le estaré muy agradecida, de entrada una ensalada crudités, supongo que para mí,e so sería todo, hasta ahora -dijo con una gentil y sensual sonrisa, arrebatadora.

- Para mí, un Filete Strogonoff y en cuanto a la botella de Cabernet Sauvignon Pinot Noir del noventa y seis tráigala a la mesa con dos copas. La ensalada para la señorita y una croquetas de cangrejo con salsa tártara para empezar y eso será todo por ahora – El mesero recogió los menús, dejo dos copas de cristal grandes con agua y se retiró con una reverencia – Ahora… - Volvió su atención a Morrigan - ¿Seguiremos con nuestro juego de adivinación o lo dejamos para el postre? – Inquirió, encantado con la sonrisa sensual de la joven, devolviendo una enigmática pero no por ello menos seductora.

- Um... pues no lo sé, ¿hay alguna cosa interesante de cual hablar además de eso? -cuestionó, divertida, para tomar un poco de agua después-. Dígame usted mismo, Sebastian... ¿gustaría continuar con nuestro jueguito o prefiere pasar a otra conversación más "madura"? -dió enfasis a la palabra, para demostrar las comillas con ello y notase el poco interés y el sarcarmo.

Al notar la sarcastica actitud de su acompañante ante su idea de cambiar el giro de la conversación, prefirió mantenerla para congraciarse con la dama. - Continuemos con nuestro juego, en ese caso, ya que puedo ver claramente que es lo que usted prefiere... - Murmuró el cirquero. Bebió un sorbo de agua antes de continuar con su charla. - Hemos quedado claros ya con la existencia de nuestras inusuales habilidades corporarles y agiles también - Exclamó - Antes había dicho usted que presumia que mis habilidades se orientaban más hacia lo psicologico... ¿No ha deducido nada más que eso? - Quizo saber, mirandola con media sonrisa.

-No pareces ser alguien que controle los elementos básicos -empezó, a la par que el mesero se le acercaba con un par de copas y la botella de vino-, lo digo porque conozco personas que controlan desde el agua hasta el fuego y tienen algo en común... es como si influyera en su forma de ser o su físico, pero tú no pareces alguie que venga a manejar la tierra o algo así -dijo, para tomar la copa que le llevaba el mesero y acomodarla para que el propio mesero la llenase-, me parece que tienes algo prometedor que el simple control de los elementos... tampoco te veo como un domador o un botánico, así que es difícil darse una idea de qué habilidades tienes... ¿puedo saber qué es exactamente lo que haces en el circo? -preguntó, para mecer suave el vino dentro de su copa, jugando con el líquido para al final llevarlo a sus labios y probarlo.

Escucho atentamente todas sus deducciones, que le parecieron bastante interesantes. En efecto, razon no sobraba en las palabras de la joven; siempre había algo que caracterizaba a cada mutante segun su poder, y eso mismo lo podía ver en sus compañeros. Al escucharla, se le escapó una risa ligera, a la par que el mesero servía el vino. - Creo que con esa pregunta, me ha revelado más de lo que quería saber, Milady... Comenzando por el hecho de que no ha entrado a la función - Señaló - Pero bien, eso no me incomoda, de momento al menos - Suspiró, viendola jugar con el vino - Si quiere saberlo en específico, soy quien se ocupa de las acrobacias mortales. Como el salto en moto a través del aro de fuego y esas cosas... - Exclamó el joven. - ¿Le ayuda en sus divagaciones mi respuesta? - Inquirió - Aunque he de admitir que no va por mal camino... - Aceptó.

-No he entrado porque he tenido que buscar a esos brutos -contestó simple-, pero le aseguro que, si la oportunidad de me da, entraré a ver gustosa de su actuación, Sebastian -contestó con una suave sonrisa, más no por ello menos arrebatadora-. Ahora... aún me mantiene con duda el que no llegue a utilizar sus habilidades en su espectáculo... me dejó un poco más atada de lo que creí y con la gran cantidad de habilidades que pueden llegar a haber, no se me ocurre del todo algo -suspiró, colocando la copa sobre la mesa, comenzando a deslizar sus dedos por las orillas (qu eno me acuerdo como se les llama xD)-. Eso significa que... si entre sus acrobacias incluimos algo como escapar de alguna trampa mortal, podría encontrarse alguna habilidad de teletransportación o cambio de dimensiones -miró al hombre frente a sí, entonces sonrió-, además de eso, parece ser un hombre serio, por lo que se le ameritan mucho las habilidades psicológicas, la agilidad mental y una gran comprensión de datos... ¿me he acercado a algo?

- En ese caso, el día que desee hacerlo, me encantará congraciarme con usted, otorgandole uno de los mejores asientos... - Respondió el joven, haciendo una inclinación leve con su cabeza, encantado con la enigmática sonrisa de la joven. Escuchó lo que decía, ampliandose más su sonrisa ante ello, y cuando le preguntó, asintió con la cabeza. - Bastante... - Aceptó el joven - Pero, sino le resulta un incoveniente, me gustaría probar ahora que puedo adivinar de usted - Murmuró, caballeroso como siempre - Siento que lleva ya usted mucha ventaja y no podré alcanzarla así que, al menos, dejeme probar ahora mi suerte... - Pidió, antes de darle un sorbo a su copa de vino antes de volver a dejarla sobre la mesa, mirandola con sus ojos tinteados, casi del mismo tono que su bebida.

Rió por lo bajo, con una adorable expresión que demostraba, con honestidad, la gracia que le causaba lo que el contrario le decía.

-Me encantará cualquier lugar que me otorguen y... me alegro tambien de estar tan cerca de saber cuáles son sus habilidades -tomó su copa una vez más-, por supuesto, no puede ser un juego si no hay una competencia, así que adelante... responderé a sus preguntas con gusto, espero que no me defraude su sentido común ni su capacidad deductora -en realidad parecía divertirle, en bastante tiempo no sonreía así de no ser por las gracias de Muraki, Savannah, Dodelig y su hermana, tanto que parecía no poder borrar su sonrisa-. Adelante, Sebastian.


Sebastian volvió a hacer una leve reverencia con su cabeza al escuchar la respuesta de la joven y lo pensó por un instante, entornando sus ojos tintos, mientras sus dedos tamborileaban en el borde de la mesa. - Pues lo que hasta ahora he podido deducir de sus habilidades, entre las que podrías contarse la velocidad, agilidad y fuerza que se refleja en su caracter, es que probablemente estas sean tan enigmáticas como las mias... - Comentó el joven, recorriendola con la mirada - Además de la autoridad que proyecta, por alguna razon me hace pensar en fuego... Porque refleja el mismo ardor que usted... - Le regaló media sonrisa - ¿Voy por buen camino? - Quizo saber el joven.

-Casi -contestó, divertida por lo que decía-, pero es aún algo mucho más complicado y confuso, Sebastian -contestó, de lo más divertida por la conversación que llevaban, pues parecía un análisis mutuo sobre sus personalidad y características-, sin embargo, acertó en varios puntos -agregó, para cruzarse de piernas y recargarse contra la silla, colocando un brazo en torno a su vientre y el otro recargado sobre el anterior, sosteniendo así su rostro-. Continue.

- Antes de continuar… ¿Sería mucho pedir que me señale en que me equivoco? – Inquirió – Pues lo que he dicho hasta ahora, lo he adivinado de sus gestos, pero usted sabe de mi, sabe que soy cirquero y que practíco acrobacias peligrosas. Más de su misteriosa persona con el único dato que cuento es su riqueza y temo que estoy en desventaja – Admitió, dándole un nuevo sorbo a su vino. – Me orientaría mejor si usted… me comentara algo más de su persona… - Exclamó el cirquero, persuasivo.

Sonrió divertida, luego asintió.

- Morrigan Aensland, hasta hace unos meses, Morrigan de Kohl... soy la viuda del senador Kohl, no sé si usted sepa los acontecimientos pero mi marido falleció a causa de un incendio... fue lamentable -suspiró, luego se acomodó un mechón de cabello-, por lo tanto, soy la dueña ahora de las empresas Kohl, ya que su familia falleció en un accidente años antes de que yo lo conociera, es lo que me ha venido provocando estres y que asevere con los muchachos -sonrió, divertida-. Tengo contactos en el bajo mundo a causa de mi difunto marido, espero que no crea que me aprovechaba de su dinero porque no soy una mujer que opte por ello... mas bien, soy lamentablemente enamoradiza -hizo una mueca-. Es verdad que antes de Herb tuve otros dos matrimonios, pero fue por estupidez mía... era demasiado joven -quedó pensativa un segundo, luego suspiró-. No me agradan los humanos, sobre todo los hombres y no considero siquiera el hecho de volver a enamorarme de un humano, es tremendamente estúpido, ¿le ha será suficiente con esto?


- Si, para algo servirá… - Exclamó el joven, pensativo un instante antes de retomar la conversación. – Bien, por lo que me cuenta puedo empezar a intuir algunas otras conclusiones además de las pasadas, y es que por el relato de su vida, la forma en que se viste, e incluso la mirada de sus ojos esmeralda es oscura… Por lo que sus poderes no lo pueden ser menos – Razonó el joven – Tal vez algunos “trucos” ilusionistas, si se les puede llamar así, pero básicamente me inclino por lo de el fuego e ilusiones oscuras… - Comentó - ¿Qué tal me ha ido esta vez? – Quizo saber.

Sonrió con suavidad, cerrando lentamente sus ojos, a la par que se escuchaba una suave melodia a piano de parte de los musicas, luego comenzó a reír con voz suave, para levantar ligeramente el volumen, soteniendo su risa por un segundo.

-Es excelente, Sebastian -dijo divertida, entre risas-, hacia mucho que no me encontraba a alguien tan demandante, tan excelente -lo miró con una sonrisa, de forma intensa-. Me fascina... ha acertado en casi todo, unicamente le faltó una cosa -recargó su mano contra su mejilla, cuyo brazo a la vez se encontraba contra la mesa-. Al entrar completamente a usar mis poderes, con al menos un veinte por ciento, un par de alas aparecen en mi espalda, como las de un murcielago... mi apariencia se convierte en la de una joven vampiro, aunque en realidad poseo los poderes de un demonio sexual: un sucubo... mis poderes están curiosamente ligados a los poderes infernales, por lo cual en nuestra juventud,mi hermana Lillith y yo nos dimos una historia de nuestras vidas puesto que perdimos la memoria cuando jovenes... me fascina su agilidad mental...

-Dije que casi acertaba por lo mismo, porque me transformo... y así puedo utilizar mi cuerpo como otra arma, pero solo son "movimientos de pelea", si así gusta llamarlos -tomó su copa y bebió un sorbo-. En realidad, debo admitirlo... es un hombre fascinante.


Al escuchar lo que decía, Sebastián se complació. No por nada se había criado en las mejores escuelas de Inglaterra, no por nada le llamaban el “mayordomo negro” o el “demonio”, más que mortal… Su agilidad mental era bastante alta para ser la de un humano, aunque no tanto como para que ello fuera una habilidad. Solo… sabía ser perceptivo. Tomó la mano de la joven y depositó un beso en el doroso con galantería. – Es también usted una mujer fascinante, Morrigan. A pesar de mis deducciones, creo que fue mi error el no darme cuenta de ese detalle del “demonio sexual” que tan interesante suena… Le digo, de donde yo vengo, ellos son muy comunes – Dejó la mano de la joven de nuevo en la mesa y apartó la suya – Pero bueno, creo que esta es una conversación que podremos seguir extendiendo en unos instantes… - Comentó antes de callarse repentinamente, y pronto la llegada del mesero dio a entender porque. Dejó los platos en la mesa, rellenó las copas y con una reverencia se retiró. Sebastián le sonrió a la peliverde. - ¿Un brindis por la noche, Morrigan? – Ofreció.

Le pareció encantador. La delicadeza con la que tomó su mano, sin previo aviso necesario ante el lento y suave movimiento, para besarle con delicadeza. Casi se relamió los labios ante lo exquisito que fue el sentir esos labios contra la piel del dorso de su mano, pero tampoco era para tanto. Sus palabras le causaron un deleite total, aunque una ligera intriga surgió de ese "De donde yo vengo". Ya lo descubriría después, por lo que notó que detenía la conversación. Ya sabía que en cualquier momento llegaría el mesero, pero no le importaba demasiado, aunque cesó si ese era el deseo del caballero. En cuanto el muchacho se retiró y escuchó al caballero, una nueva sonrisa encantadora se formó en sus labios... no llegando a rompar su aure sensual y ligeramente oscuro, sino que darle un toque mayormente arrebatador con ello.

-Por la noche, entonces -contestó, levantando suavemente su copa.


Sebastián tomó su copa entre las manos y la chocó delicadamente con la de la joven, siendo a la vez aquel acto, uno de maquiavélica caballerosidad por las connotaciones del acto, pero tal vez le contaría eso a la joven otro día… Claro, si es que volvía a verla. Siendo francos, esperaba la repetición de otra noche como aquella. – Por la noche… - Repitió para luego beber un sorbo de vino. Dejó luego la copa en la mesa y le sonrió a la joven. – Espero disfrute de la cena, tanto como lo hago yo de su compañía... - Exclamó, halagador – He de admitir que hace mucho que no me divertía tanto, por lo que le agradezco que haya aceptado la invitación de este humilde cirquero… - Exclamó, antes de darle un primer bocado a la comida. No le decepcionó, como los lugares que antes había frecuentado. Aparentemente podría volver por allí seguido.

Reaccionó ante sus movimientos, para dirigir una mirada curiosa hacia el sujeto, sin borrar su sonrisa, como intentando aparentar nada. Asintió al escuchar sus palabras.

-No creo que tan humilde -contestó con todo suave-. Dígame, Sebastian -su tono había cambiado en totalidad, parecía seria ahora-, ¿que relación tienen sus poderes con la energía y la oscuridad? ¿Posee memoria fotográfica o está ligado a algo fuera de la dimensión humana? -fue directo al grano-. Lo que es más... ¿qué oculta debajo de esos guantes, de dónde viene y porqué la rosa que lleva en el traje parece ligeramente inusual? -había tenido un minuscioso cuidado al examinar todo el físico del contrario, pero no quiso dar gran reelevancia a los detalles-. Sin olvidar, por supuesto... ¿porqué un "humilde cirquero" lleva traje después de un acto en escena? -dio énfasis entre las comillas, solo para hacerlas notar-. ¿Cuáles son las intenciones de su circo y porqué me parece que usted no es el único con éste tipo de habilidades en ese show? Espero no agoviarle con tanto y que sea capaz de responder todas -sonrió.


La escuchó con atención y ante cada nueva pregunta, la disimulada sonrisa en sus facciones aumentaba en cierto grado su ironismo pero sin llegar a ser vulgar o grosera. Cuando finalmente terminó, el joven soltó un disimulado suspiro. – Es verdad lo que dice, son muchas preguntas… Pero trataré de responderle en la medida de lo posible – Se tomó un instante de silencio en el que tomó un bocado de comida antes de empezar – En relación a mis habilidades, la memoria fotográfica no es una de ellas, más no así una especie de mimetismo que si poseo, aunque este no sea del todo estable. En cuanto a la oscuridad, digamos que soy parte de ella, y es por ello que puedo manejarla a voluntad – Extendió hacia ella su mano, mostrando la sombra de su mano en la mesa, y como de pronto esta desaparecía por un breve instante pero luego volvía a su sitio – Mis guantes no ocultan nada, solo son una costumbre de mi antigua vida – Se quitó uno de los guantes, el de la mano que no tenía el tatuaje, mostrándosela a Morrigan antes de volver a colocárselos – Procedo de una familia rumana que se estableció en Inglaterra y la rosa no tiene nada de inusual, por si usted misma desea comprobarlo – Ofreció – El traje, tiene la misma explicación que los guantes, no es más que mera costumbre, pero las últimas preguntas no está en mi poder en responderlas sino de mi maestro, por lo que me disculpo de antemano el no poder satisfacer en todo a su curiosidad – Se disculpó, llevando una mano a su pecho q inclinando levemente la cabeza a modo de reverencia.

-Entonces ya tendré la oportunidad de preguntarselo directamente... espero no tenga que interferir, Sebastian, ya que en realidad su persona es de mi agrado -tomó un poco de su plato, para probarlo-. Um.. fuera de eso... ¿Umbraquinesis? Mimetismo... um... puede que haya pasado algo por alto ¿o me equivoco? Entonces esto se torna aún un poco curioso...pero creo que con esto nuestro juego puede haber llegado a su final ¿no cree? Además, hay muchas otras cosas que conocer del otro... aunque ya se percató de varias mías en el transcurso del juego -sonrió, agradable-. Espero no haberle incomodado con mis preguntas, Sebastian... por lo que preferiría ahora pasar a unas preguntas un tanto más informales ¿que le parece?

- Espero, más bien, que la situación no tenga que llegar al punto en el que deba intervenir… - Musitó el joven. A pesar del buen momento que estaba pasando con la joven, él tenía claro hacia quien se debía su lealtad – Porque usted también es de mi agrado, Morrigan, se lo aseguro… - Y por supuesto, no le hubiera gustado tener que contrariarla. Ante su siguiente frase, la sombra de la sonrisa le revoloteo en los labios, - Si, creo que nuestro juego se termina, pero no así el espectáculo, aún tenemos el resto de la noche – Aseguró el joven – Para nada me ha incomodado, es normal que sienta curiosidad hacia casi un perfecto desconocido – Bromeó sutilmente – Pero si las preguntas informales son las que deseo, espero no se tome un insulto el que quiera hacer la primera, pero es que me da curiosidad el saber… si ese es el color natural de su cabello? – Preguntó el joven con una ladina sonrisa.

Sonrió ante sus palabras, entonces fue a tomar su copa de vino, ya estaba dándole el trago al vino cuando escuchó su pregunta y a causa de ello casi escupe todo el vino, de no ser porque consideraba un insulto deperdiciar tal bebida exquisita, lo hubiese hecho. Tragó el sorbo y tomó una servilleta, limpiándose los labios, para ahora tomar algo de agua, intentando borrar la pasada sensación.

-Es mi cabello -contestó mientras intentaba calmar su garganta-, me sorprende, es la primera vez que escucho esa pregunta, sobre todo de un mutante... todo humano reconoce que puede ser tanto genético como teñido, así que no habían preguntado... me sorprendió -volvió a sonreír-. Es verde aquamarin, y no me ofende, solo me sorprende -entonces comenzó a reír, con una expresión suave y hasta dulcemente encantadora a la par que reía-. Es muy cómico... me encanta esa pregunta.


Le observo, en cierto modo divertido por las reacciones ajenas ante su pregunta, y en cuanto ella se silencio, el joven volvió a sonreírle. – Me alegra que sea de su agrado. El deber de un cirquero es agradar a su público, y ya que usted dijo que deseaba una conversación mas ligera… ¿Qué mejor forma sino empezar por nosotros mismos? – Exclamó el joven. Dio un par mas de bocados a su cena antes de volverse a Morrigan – Sabe que puede preguntar lo que desee así que aprovéchelo, Morrigan – Sugirió este – Ya yo he hecho la primera pregunta en esta nueva ronda… - Señaló.
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Manzhanakaiyr
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MensajeTema: Re: Del Circo a la Cita...   Sáb Feb 12, 2011 10:06 pm

-Vaya... entonces me parece exceñemte -probó bocado de su cena, para pensarlo un momento-. Em... Antes dijo que vestía así por pura costumbre, dijo tambien que era ingles ¿cierto? Entonces... ¿eso significa que usted fue mayordomo o algo por el estilo?... me refiero... ¿a qué se debe en realidad esa costumbre, Sebastian? me parece bastante curioso -contestó con una sonrisa.

- Si, se podría decir que si... - Admitió el joven, entre bocados de comida, limpiandose educadamente con la servilleta antes de continuar - Mi familia no era inglesa precisamente y la unica manera que encontraron de educarme mis padres fue ponerme al servicio de la familia para la que trabajaban. Fui mayordomo del joven de la casa a cambio de que ellos pagaran mis estudios - Respondio, sin que aparentemente el mencionarlo le afectara, a pesar de que a su memoria regresaran las imagenes de sus otros "trabajos" que nada tenían que ver con el de mayordomo - De ahi mi costumbre a vestir siempre de esta manera, me la impusieron desde muy joven y ahora me ha costado abandonarla... - admitió.

-¿Sería capaz de abandonarla en alguna situación? -preguntó divertida, por supuesto que sin una segunda intención-. Me refiero... ¿iría a un lugar informal así? Además, a una novia le gustaría ver a su pareja informal un par de veces ¿no cree? -sonrió suavemente, hablando con tranquilidad-. Una cita informal, a hacer las compras... tomar un café, comer una hamburguesa, ¿no cree?

- ¿Esta ropa? Por supuesto, no es algo a lo que esté tan firmemente apegado, es mas, como antes le decía, una costumbre - Señaló - Pero así como tengo que abandonar estos trajes para las presentaciones del circo, también podría hacerlo para cualquier salida informal de ser necesario - Musitó - Además, sea como fuere, si tuviera pareja, seguro lo haria solo por complacerle... - Exclamó en perfecta indeterminacion, cosa que no daba a entender preferencia por uno u otro sexo - ¿Y en su caso, Morrigan? ¿Suele tener muchas citas informales y esas cosas? - Inquirió el joven, arqueada una de sus cejas, con interés, aunque no tan evidente.

-No desde hace unos años -contestó, tomando su copa-, desde que comencé a salir con Herb mis citas fueron totalmente formales, ni siquiera con mi marido tuve ese lujo... en cambio, antes de él era muy libre de hacerlo, así que últimamente me visto de esa forma solo en las raras veces que mi hermana y yo salimos juntos, o sea que... técnicamente nula, sobre todo porque ahora trabajo a la cabeza de las empresas Kohl, creo que en total serían... ¿tres años? Vaya... no puedo creer que ya haya pasado tanto tiempo.

- Interesante... Supongo que ha de tener muchas responsabilidades como para tomarse semejantes libertades... – Comentó, pasando su mano distraídamente por uno de los mechones negros de su cabello. Luego tomó la copa para darle un sorbo de vino, antes de dejarla de nuevo sobre la mesa. La miró a los ojos – En ese caso, si yo la invitase, aquí y ahora, a que tuviésemos una cita informal… ¿Lo aceptaría? – Indagó el joven – Me parece que aún le hace falta relajarse un poco más… - Señaló, educadamente.

Reaccionó, lo miró con cierta curiosidad y volvió a sonreír.

-No tendría razones para rechazarlo, pero no creo que puediese ser informal ahora mismo... quizá eso quedaría a otro día ¿no es así? -enarcó una ceja con ironía-. ¿Me está invitando a salir algún otro día, Sebastian? -cuestionó, para sonreír de nueva cuenta, arrebatadora, esperando a su respuesta-. Me encantaría aceptar en todo caso, Sebastian... -rió en lo bajo-, pero no lo imagino vestido de forma informal, esa cara suya no me lo permite.


- Puede ser informal, y lo sería si usted lo deseara... - Musitó - Pero si desea que lo dejemos para otra ocasión, agradezco en ese caso que acepte mi propuesta... - Rió por lo bajo igual que la joven y tomó su mano para depositar un beso en el dorso - Si es su deseo el de una cita informal, puedo cumplirlo, pero si no es mucho atrevimiento de mi parte, el solicitar verla con prendas mas... alegres? - Inquirió el joven - Estoy seguro de que alguna prenda de tono azulado o aguamarina le sentaría perfectamente... - Señaló el joven, con una sonrisa ladina, un tanto atrevida.

-Me encantaría -dijo sonriendo-, ésto me lo puse por compromiso, ya que coincidió que vendríamos a un lugar formal, imaginé que habrían un par de conocidos y, con el detalle del funeral que hace poco pasó, creí que sería la mejor elección... pero será para mí un placer el complacerle, Sebastian... prometo usar algo más brillante para nuestra próxima cita -tomó un trago de su copa, casi terminando con su contenido-. Y aún así lo puedo imaginarlo informal -rió de nuevo-, será algo muy interesante, seguro... y con respecto a hacer esta cita informal... ¿puedo saber a qué se refiere?

- Bueno, si a informal se refiere con las cosas que mencionó anteriormente, eso de salir a hacer compras, tomar un café o comer una hamburguesa, pues creo que ya tengo en mente en que consistirá lo siguiente - Exclamó el joven - Pero si le dijera de que se trata, no sería divertido, o si? - Inquirió, dejando aún aquella aura de misterio. Apartó su plato ya vacio y dio el ultimo trago a su copa antes de buscar de nuevo con su mirada la ajena - Si ya ha terminado y desea postre, podemos comerlo en otro lugar - Musitó - Si me permite, me tomaré el atrevimiento de llevarla a otro lugar antes de devolverla a su mansión... -

-Me parece excelente... y sobre el postre, preferiría solo llevar algo de vino, pero eso se arregla facilmente, ya que tengo un poco de éste en el auto -empujó un poco el plato-, notará que gusto de los buenas bebidas, disfruto mucho del alcohol fino -rió suave-. Así que... en cuanto desee partimos, usted dirá, Sebastian... aunque me llena de curiosidad el no saber a dónde me llevará, ya veré, supongo...

- Exactamente, disfrute el sabor del misterio por ahora, Morrigan – Ofreció el joven antes de llamar al mesero y pedirle la cuenta. Este volvió a los pocos momentos con ellas, Sebastián le entregó la tarjeta para que pagara y en un instante todo estuvo listo. Entonces Sebastián se puso en pie, para tomar la mano de Morrigan y ayudarle a ponerse en pie – Espero que le haya gustado nuestra velada en este lugar, aunque ahora prefiero llevarle a un sitio más… sencillo – admitió. Se dirigieron a la puerta donde, como en la mansión, Sebastián ayudara a la peliverde a colocarse su abrigo, antes que salieran de nuevo en dirección al auto.

Rió por lo bajo ante su poco sutil "sencillo" que hasta le pareció insinuante. Se levantó y asintió.

-No se preocupe, Sebastian... a donde sea estará bien, a mí me encantará mientras tenga tan buena compañía... ¿o será que lo dudó? -cuestionando a la par que él le ayudaba a ponerse el abrigo-. No soy tan dificil de complacer, al final que mi hermana y yo nunca fuimos de lo mas ricas, mis maridos lo han sido y es lo que nos ha ayudado... aunque mi primer marido no haya sido así... así que usted no se preocupe, podría complacerme con cualquier cosa, incluso una platica por los callejones de Bronx -sonrió, y no hablaba de forma falsa, era todo en serio.


- Le tomaré la palabra, Morrigan y me disculpo si llega a parecer que no lo hago - Exclamó el joven, abriendole la puerta del auto para que subiera, luego haciendo él lo mismo del lado de conductor - Pero ya que me ha aclarado este punto, entonces puedo estar casi seguro que el lugar al que voy a llevarle, le gustará - Sentenció con una sonrisa - ¿Sería mucho pedirle que cierre los ojos? - Inquirió.

-¿Sería mucho pedirle que se retirase la corbata? -preguntó con una sonrisa-, será difícil resistir la curiosidad, sobre todo para una mujer... amamos las sorpresas... -se remordió-, o al menos la mayoría de ellas... en fin, me ayudaría a no atreverme -rió suave, ignorando su reciente trastabillar-. Ya que si prefiere arriesgarse a que abra los ojos, usted decide -dijo sonriendo adorablemente.

- Bien… Si lo pone de ese modo, supongo que no me deja otra opción – Aceptó el joven, soltando la corbata oscura que portaba, acercándose a Morrigan por encima de la palanca de cambios – Con su permiso… - Murmuró, antes de atreverse a cubrir los ojos de la joven con la tela fina de la corbata, anudándola tras su cabeza suavemente. – Ya esta… - Se separó entonces y encendió el auto, dejándole un instante para calentar el motor antes de pisar el acelerador y comenzar a avanzar por las calles despejadas justo cuando se cernía el atardecer en dirección al exterior de la ciudad.

Rió en lo bajo.

-Pude haberlo hecho yo misma -dijo mientras atinaba a donde estaba el cinturón de seguridad, aventurando en el dónde estaría el asegurador, para abrochar el cinto-. Bien... sorpréndame, Sebastian -pidió con una suave sonrisa, con la incapacidad de ver a causa de aquella corbata. Sebastian tenía la suerte de que la peliverde no poseía la habilidad de ver a través de las cosas, lo que sería rayos X... vaya que era malo para Morrigan, pero no importaba, la pasaba muy bien con el contrario, le divertía y de cierto modo le encantaba su forma de actuar y hablar, era excelente.


- Es más divertido si me deja hacerlo a mi… - Señaló, sin despegar sus manos del volante del auto en unos minutos se encontraron en el exterior de la ciudad, donde la playa se extendía vacia con un hermoso atardecer. Con cautela tomó el camino que descendía hasta la blanca arena y una vez allí detuvo el auto – Bien, hemos llegado… - En frente de ellos se extendía un paisaje hermoso pintado con colores inimaginables ni por el más hábil pintor. Sebastián encendió el estéreo con una melodía muy suave, volteándose luego a Morrigan – Si quiere ya puede quitárselo… Y espero que le guste… - Murmuró suavemente.

-De acuerdo -acertó, llevándose las manos a la corbata sobre sus ojos, jalandola suavemente para dejarla colgando de su cuello, abrió los ojos y sonrió... era verdad que tenía tanto sin ir a la playa, con los trabajos en el senado de su difunto marido, apenas y podía hacer algo, por lo que se quitó pronto los tacones y bajó del auto, para dar la vuelta hacia la puerta de Sebastian, abriéndola para inclinarse a tomar su mano y jalar de él para que saliese-. Vamos a caminar, me encanta la arena -dijo con una sonrisa suave y tierna, tal cual la de una niña, mientras jalaba de él más hacia la orilla, donde las olas llegaban-. Hace mucho que no vengo... vaya, que recuerdos me causa -dijo con una radiante sonrisa-, una gran idea, Sebastian, me encanta...

Sebastián se sorprendió de pronto cuando la joven bajó del auto y pronto ya estaba junto a él, jalándole para llevarle a la orilla. Apagó el auto y dejó las llaves en el bombín, ya que no había nadie kilómetros a la redonda. Para estar en las mismas condiciones ajenas se despojó de los zapatos, siguiéndola descalzo sobre la arena hasta la orilla, donde el agua acariciaba sus pies desnudos. – Me alegra que le guste. Creo que he cumplido bien con mi labor del día… - Y sin soltar la mano de la joven, comenzaron a caminar por la orilla.

-Es tan precioso -dijo sonriendo, luego rió suave mientras caminaban-. Ya recuerdo la última vez que vino, tenía unos veinte años, quizá -dejó su agarre y se abrazó suavemente al brazo del contrario-, tenía poco con mi primer matrimonio, no era una buena vida pero intentábamos ser felices dando lo mejor, me trajo a la playa a mí y a mi hermana, estuvimos todo el día hasta acapariamos... Lillith fue la primera en rendirse, él me llevó a dar un paseo nocturno -se recargó en el hombro de Sebastian-, era justo así... iba recargada sobre su hombro, abrazada a él así... vaya que ha pasado tanto tiempo... no puedo creerlo... Gracias, Sebastian, ha sido una velada increíble.

- Me alegra, en ese caso, el ser portador de buenos recuerdos para alguien como usted… - Le sonrió de manera discreta aunque un tanto seductora, dejando que se abrazara de ese modo de su brazo sin que ello le molestara – Lastima que no es de noche, sería perfecto para usted… - La miró cuidadosamente, casi parecía una niña por aquella expresión enamorada en sus facciones que incluso a él le ablandó un poco – Pero siendo ese el caso, podemos quedarnos aquí el tiempo que desee… Incluso hasta que anochezca, si es lo que desea… - señaló. Y es que ya habían dado la última función del circo por lo que no le preocupaba llegar tarde, aunque su maestro pudiera enojarse, por ahora valía la pena totalmente.

Le parecía encantadora la forma en la que le hablaba.

-De no ser por mi divorcio, hubiese sido más perfecto aún -contestó divertida, sin que eso le molestase, volver a tomar la mano de Sebastian-. Es muy amable, Sebastian... pero si en realidad tiene prisa, no se preocupe, ya me ha complacido bastante hoy, no quiero ser una molestia para usted o apretarle la agenda si tiene que volver a su trabajo... preferiría no ocasionarle molestias... -aunque en realidad preferiese quedarse, no quería ser demasiada molestia para Sebastian, como le decía... le encantaba el lugar, la situación, el todo... pero igual no quería serle inoportuna.


- No tengo prisa. Mi tiempo es largo. Además, si mi Maestro me necesita, yo lo sabré… - Aseguró él, con una enigmática sonrisa, girando hacia ella su rostro para verle a los ojos – Por ahora solo… déjeme complacerla por un momento… Al menos hasta que nos volvamos a encontrar – Le sonrió suavemente. Sus rostros se encontraban cercanos y por un instante la expresión dulcificada ajena le impulsó a besarla, pero se contuvo y solo desvió la mirada. Siendo un caballero, y más aún siendo que ambos eran mutantes, no hubiera sido correcto abusar de la situación.

-De acuerdo... -dijo con una sonrisa más amplia, para cruzar su mirada con la de Sebastian hasta que éste la desviase, lo cual llamó su atención-. ¿Pasa algo? -preguntó, deteniendo su andar-. Sebastian, si en realidad tienes que irte... -empezó, ya le tuteaba xD!-, no te preocupes, no me molesta en realidad -sonrió de nueva cuenta-, como ya te dije, haz hecho ya bastante por mí, me ha encantado conocerte y el haber salido, no tienes que hacer más, si estás presionado de tiempo, adelante.

- Ya le he dicho que no se trata del tiempo, Morrigan… - Respondió el joven. En su interior sentía una punzada de… ¿celos, tal vez? Intentaba agradar a la joven, pero al parecer lo único que lograba era recordarle a sus antiguos amores, cosa que no le era para nada agradable y aunque ella decía encontrarse satisfecha, aún faltaba algo, esa chispa, que hacía una velada inolvidable. Volvió a mirarla a los ojos ya que le había obligado a detenerse – Digamos que es mas bien cuestión de sentimiento… No se si lo entienda… - Musitó el joven en un murmullo que, debido al bajo volumen, probablemente solo ellos dos hubieran podido entender.

-¿Ah? -reaccionó ante ello, soltó su abrazo y se paró frente a él-. He tenido una vida difícil, lo peor es que soy una enamoradiza empedernida y he sufrido mucho por ello... quizá sea lo peor de mí, quizá sea lo mejor, pero gracias a ésto he conocido a mil tipos de hombres, Sebastian -le comentó-. Debo aclarar que ninguno, jamás, fue tan diferente a ellos... no como lo eres tú -sonrió-, en realidad, me ha sorprendido... ésta noche me ha traído solo recuerdos gratos, pero me ha llevado a conocer a alguien mucho mejor que aquellos de los recuerdos... llamelo simple comparación o una rara analización... pero me agrada que pueda tener tantos aspectos por los que me he enamorado de otros hombres y, a la vez, ser tan diferente a ellos -se paró de puntas, para poder alcanzarlo a besarle la mejilla-. Muchas gracias por ser tan buena compañia para una mujer como yo, Sebastian.

Sus palabras y su análisis, por extraño que sonaran, lograron acallar aquella voz en su cabeza que tanto le molestara antes. Al notar como se paraba de puntas, se atrevió entonces a llevar una mano a rodear la cintura de la joven y la otra a tomarle el mentón, acariciándole suavemente la mejilla con su dedo pulgar que, aunque enguantado, casi podía sentir la piel del rostro de la joven como suave terciopelo. – En ese caso… Permita que sea yo quien actué como enamoradizo esta vez… - Y le sonrió, seductor, antes de unir suavemente sus labios con los de la peliverde en aquel intimo pero romántico gesto, justo en el atardecer.

Reaccionó con sorpresa. Sus ojos se abrieron de par en par al sentir los labios de Sebastián...sin embargo, su sorpresa no duró demasiado. Sus ojos demostraron una suavidad intensa a la par que se cerraban con delicadeza, mientras que ambos brazos de la peliverde rodeaban el cuello del que la acompañaba.
Correspondió a su beso con delicadeza y suavidad, prendiéndose de su cuello con delicadeza, manteniendo una suave y hermosa sonrisa mientras sus labios rozaban los contrarios. Bien... eso en definitiva, había llevado la velada a ser mucho más fantástica.


Sintió sus brazos rodear su cuello y fue como si le diera paso libre a continuar. Su mano en su cintura afianzó el agarre y sus labios se movieron sobre los ajenos, profundizando con lentitud aquel beso, de manera de mantenerlo igual de romantico. Era verdad que antes había estado con otras personas, pero nada se comparaba a ese momento, tan romántico como frágil, como una hermosa burbuja que flota en el aire y que cualquier toque podía destruir. Sin embargo, sentía que la atmosfera que ambos habían creado a su alrededor era tan densa… que incluso a ellos les costaría deshacerla.

Aferró un tanto más a él. Sostuvo delicadamente su traje, apretándolo un poco entre sus manos. Era cómico que apenas podía alcanzarlo de puntas, pero no era lo que más le importaba. En realidad, era de su fascinación cómo Sebastian había hecho que todos esos recuerdos se perdieran con ese beso tan dulce.
Se sentía encantada... el cirquero había hecho de las suyas y la tenía atrapada, encantada por él, lo cual, por supuesto, no le incomodaba. ¿Qué más daba intentarlo de nuevo? Sus errores pasados no significaban que por ello esta vez se repetiría... tenía que arriesgarse de nuevo y, a eso iba. De no ser por una maldita necesidad de aire, jamás hubiese separado sus labios de los contrarios, ni siquiera ese escaso centímetro que existía.


Sus orbes tinteadas se mantuvieron cerradas hasta que la joven separo sus labios, solo entonces volvió a abrirlas para encontrarse con las ajenas, suaves, como obnubiladas pero hermosas. Volvió a acariciarle la mejilla. – Creo que, después de todo, si ha sido un buen final para nuestra cita, ¿No lo crees, Morrigan? – Exclamó, el joven, atreviéndose a tutearla luego de aquel beso. Le apartó un mechón del rostro y lo colocó tras su oreja sin dejar de sonreírle de aquella manera suave y seductora.

Correspondió a su sonrisa, para aceptar su gesto y luego extender su cuello, besándole la mejilla con dulzura, sin dejar de rodearle con sus brazos, para recargar su mejilla contra el pecho de Sebastian.

-Gracias -contestó con tono suave-, has hecho de ésta velada...algo realmente inolvidable, Sebastian... muchas gracias -repitió con ese tono suave e infantil, con las mejillas levemente enrojecidas ante lo reciente, totalmente conciente de todo... encantada como nunca... cansada de igual forma xD!
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MensajeTema: Re: Del Circo a la Cita...   Sáb Feb 12, 2011 10:11 pm

La cobijo entre sus brazos suavemente, dejando que se apoyara contra él mientras ambos se recuperaban del momento. - No tienes que agradecerme... - Aseguró - También ha sido algo inolvidable para mí, así que no se diga más... - Sonrió y se inclinó hasta alcanzarle la frente con sus labios, depositando en esta un beso suave para dejar luego que su mirada se perdiera en el mar y el horizonte, donde el sol ya se había ocultado y dejaba ver a penas sus tintes en el cielo que cada vez se oscurecia más y más. Soltó un suspiro. El hecho que su improvisada salida hubiera terminado en algo así, resultaba bastante inesperado para él.

-Hacia tanto que no me divertía así -dijo con una sonrisa divertida, para seguir la mirada de Sebastian hacia lo que restaba de los rayos del sol-. Es de noche... -comentó, sosteniéndose suavemente de Sebastian-, vaya... que rápido pasa el tiempo -agregó un tanto absorta, para volver a sonreír-. Es triste que apenas en unas horas tendré que volver a mi trabajo -dijo con tono suave, relajada-. -. Apuesto a que mañana tendrás un día lleno de show, ¿no es así?

Sebastian asintió a las palabras de Morrigan, llevando su mano a acariciarle el cabello suavemente un instante. - Si, será mucho trabajo al igual que tu... - Murmuró, mientras acariciaba suavemente su cintura - Pero no deseo ser un estorbo para su trabajo y que mañana resulte mal desempañada, así que... Creo que lo mejor será que la devuelva a su morada... - Murmuró con suavidad sin desear incomodarle.

Sonrió con suavidad.

-Después de tan buena velada, no podría exigirle nada -dijo sonriendo, para levantar su rostro hacia él-. Ya dirás tú, Sebastian... no me molesta irme ya mismo, además, sé que tú tambien tienes tu trabajo...y lo que menos quiero hacer es que tu maestro se moleste porque yo te robase un momento de la carpa, así que... adelante, vayamos -le tomó la mejilla, suponiendo que ya se ponían en camino, comenzando a caminar hacia el auto.


- En ese caso, partamos ya... - Murmuró, llegando hasta el auto para abrirle la puerta a Morrigan, esperando a que esta se dispusiera en el asiento antes de cerrar la puerta y tomar de nuevo el asiento del piloto. Encendió el auto, y volvió a retomar la carretera en dirección a la mansión a la que antes Morrigan le hubiera llevado. - Por ahora no deseo ser yo quien la distraiga de su trabajo, así que, en cuanto disponga de tiempo, hagamelo saber y arreglaré nuestra "cita" - Exclamó, con ligero tono de broma.

-Me parece excelente... pero verás que creo que para eso te haré una visita a la carpa... espero que no te moleste, ya que como no vi tu show, me encantaría prescenciarlo -sonrió para él-, así aprovecho para avisarte de mi tiempo libre... ¿te parece? Mataríamos dos pajaros de un tiro -comenzó a acomodarse los tacones con delicadeza, entonces se percató de que aún llevaba la corbata de Sebastian al cuello, lo que la hizo sonreír, pero no se la daría aún.

- ¿Molestarme? En lo absoluto - Señaló el joven, mientras conducía - Solo espero que ese día puedas avisarme con alguna anticipación - Pidió - Ya sabes, para poder conseguirte un lugar apropiado... - Expresó. De nuevo enfiló por la ciudad, conduciendo entre los enormes rascacielos, regresando a la mansión, utilizando la misma ruta que hubiera utilizado antes para hacer su recorrido - Aunque, si prefieres pasar "desapercibida", lo entiendo perfectamente... - Murmuró, y en el fondo también le haría un favor ya que no quería que Grell empezara a molestar de nuevo.

-Um... pero si le quitarías lo divertido a sorprenderte -dijo con una sonrisa suave-, además,no me gusta destacar y me parece que no sé cómo avisarte antes... así que, si no queda más ¿o sí? -contestó mientras jugaba con la cobarta de Sebastian-. ¿O será que quieres ocultarme a alguien? ¿O será que prefieres hacer que yo destaque? -sonrió de nuevo sensual, como antes-. Dime, Sebastian... ¿porqué quieres que te avise, en realidad?


- Digamos que... es un poco de ambas cosas - admitió el joven, a medias - Pero, como usted bien dijo, si se lo dijera le quitaría lo divertido, ¿no es así? - señaló - Además, el enigma es mucho más intrigante. - Antes de darse cuenta ya se encontraban detenidos frente a las puertas de la enorme mansión, las cuales se abrieron de par en par ante ellos, y donde el joven pelinegro condujo hasta la entrada antes de detener el auto. El valet intentó acercarse, pero Sebastian le hizo seña de que se mantuviera al margen. Volvió su mirada a Morrigan. - En este caso, el "adios" de nuestra velada se torna indefinido... - susurró - Espero no tardar demasiado en volver a verla... - Le tomó la mano, besandole el dorso - Es una lastima que las cosas tan buenas terminen tan pronto, ¿No es asi? - señaló con una media sonrisa algo amarga.

Rió divertida en tono bajo.Se quitó la corbata de Sebastian y le sonrió.

-Permíteme ponértela -le pidió, mientras lo rodeaba con ésta, levantándose ligeramente del asiento a la par que lo hacía-. Llegaré un día de éstos... mantente al tanto, Sebastian, no creo que puedas confundirme por dos simples razones -dijo con una sonrisa-. La primera, ninguna mujer tiene éste color de cabello y, en segunda, dudo que pueda pasar desapersibida por tus ojos -le volvió a sonreír, terminando el nuco de su corbata, para jalar ligeramente de ésta, hasta alcanzar los labios del contrario con delicadeza y suavidad, para alejarse y dedicarle una sonrisa-. Puedes llevarte el auto, ya luego enviaré a alguien por él, así que nos vemos luego -abrió la puerta de su lado del auto y bajó, para dirigirse a la ventana de Sebastian-. No olvides estar al tanto -le pidió con una sonrisa coqueta-, que pronto estaré por allá -le informó tambien, para alejarse y entrar a la casa con naturalidad.


Sebastian se dejó hacer por la joven, correspondiendo a su beso, y luego siguiendola con la mirada cuando se encaminó a su mansión hasta que las puertas de la misma se cerraran tras de ella. Morrigan era una mujer bastante interesante además de enigmática, cosa que le atraía mucho de ella... Estaba seguro de que tendrían tiempo para conocerse mejor. Mucho mejor. Encendió el auto y enfiló fuera de la mansión de nuevo a la carpa del circo, dispuesto a enfrentar las consecuencias de su improvisada escapada ante su maestro, aunque sea lo que fuere, por ella de seguro valdría la pena...

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