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 Resolviendo un misterio

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Mariuk
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Fecha de inscripción : 20/02/2011

MensajeTema: Resolviendo un misterio   Sáb Oct 08, 2011 11:09 pm

A pesar de que su intención inicial había sido resolver las cosas ese mismo día, pronto dedujo que no era buena idea. Había llamado a esa chica, Savannah, la de la tarjeta, diciéndole que quería hablar con Morrigan un par de días después; primero porque tenía mucho sin verla y segundo porque quería que le explicara lo que había dicho de “un hijo” y la pelea con Grell. Se había aparecido con un ramo de flores por sugerencia de la albina, aunque el hecho de presumir le había parecido ridículo. Le había llevado un ramo de flores blancas y rojas con un papel de ceda y celofan con puntos plancos que le daba un aspecto bastante cálido. Llegó a la entrada del imponente edificio, las empresas Kohl, y esperó a que le anunciaran desde recepción. Después de todo, Savannah sabía que venía.

Bastante despreocupada había encargado a Dodelig que llevase consigo a Sebastian hasta la recepción... que no estaba tan sencilla la estructura del edificio en cuestión. El edificio principal de la empresa Kohl era bastante grande a final de cuentas, puesto que el manejo de todas sus sucursales se centraba aquí y había dedicado pisos para cada ámbito diferente dependiendo del tipo de empresa que correspondiese. En fin, basta decir con que era gigante... finalmente, ahí estaba el pelinegro. Dodelig lo había traído hasta la entrada y lo dejaba frente a Savannah a la par de que pasaba a sentarse a un lado de ella, abriendo el periódico y esperando con tranquilidad, indiferente a los otros dos aunque bastante dispuesto a escuchar loque tenían que decirse el uno al otro.

-Bienvenido, Sebastian -dijo la albina sin inmutarse demasiado, revisando un par de cosas en la computadora antes de asegurarse de desocuparse para dirigir toda su atención al hombre ante ella-. Vaya, no creí que las trajeras... en fin, puedes dejarlas aquí, se las haré llegar más tarde, cuando esté tranquila -prometió, sonriendo traviesa-. Fuera de eso, puedes tomar el elevador, es el último piso y verás a Lillith en la gran habitación donde se abren las puertas, hasta el fondo... pero no te prometo un viaje seguro -dijo, mientras se miraba una vez las uñas-. Creo que ya le dijeron a Daeron y a Lillith que estás aquí, seguro que ella no le dirá nada a Morrigan pero si interrumpirá su conversación con Muraki... en fin, te deseo suertecita -bromeó, mientras escuchaba el tintinar del ascenso y sonreía para Sebastian-. Es para ti... todo tuyo. Diviértete y no la presiones, seguro está susceptible, como tiene su sesión con Muraki -rodó los ojos-. Si la haces enojar, tendré que patearte-


Escuchó todo lo dicho por la albina y rodó los ojos. No tenía idea de quienes eran las personas que nombraba pero supuso que podría pedirle la explicación a Morrigan después. El único nombre que se le hacía familiar era el de Daeron, quien se encontraba en casa de la peliverde la noche que había ido a buscarla para su cita. Le dejó las flores y se encogió de hombros, dirigiéndose a las escaleras. – Bien, en ese caso sipongo que no tiene sentido el que te diga nada, así que imagino que tendré que subir y resolver este asunto con Morrigan – Comentó - No te prometo que no tendrás que patearme pero haré lo posible porque no…- comentó, tomando el ascensor y subiendo hasta el último piso, donde las puertas se abrieron revelando la oficina de la “jefa”.

Hasta el penúltimo piso había llegado la noticia de que cierto personaje se había aparecido con flores por ahí... casi tan rápido como la noticia de que su musa había llorado. Era imperdonable, sobre todo tras escuchar lo que había sucedido por palabras de Savannah y no estaba dispuesto a permitir que otro hombre le sacara lágrimas a Morrigan. No otra vez... mismo por lo que, pronto, se dirigió de inmediato al piso de arriba, esperando recargado contra el escritorio y conversando con Lillith que notaba lo molesto que su "hermano" estaba, eso no podría ser bueno, ¿cierto? Daeron era celoso... pero más aún, era sobreprotector, sobre todo con ellas dos. La pelirrosa esperaba que no pasara a más, pero el peliazul no prometía demasiado, así que, cuando sonó el tintinear del ascensor que recién llegaba al último piso, Daeron no trastabilló en girarse a ver de frente a quien salía de este, serio y bastante frío, mientras le daba a Lillith una instrucción inscuestionable y ella tan solo volvía al trabajo, manteniéndose un poco al margen de lo que con estos dos sucediera, mientras que Daeron se acercaba un poco metiéndose las manos a los bolsillos, mirándole de una forma un poco desafiante.

-Tú... ¿qué se supone que estás haciendo aquí? -cuestionó, directamente y de inmediato, parándose unos metros delante de la puerta principal de la oficina de Morrigan, grande e imponente esta misma, pero teniéndolo a él como obstáculo-. Morrigan se encuentra indispuesta y está ocupada, tiene consulta médica justo ahora... puedes volverte por donde viniste, Sebastián-.


Observó la desafiante postura de Daeron frente al ascensor, misma que no le importó ni un poco. Sus asuntos no eran con él sino con la peliverde que estaba tras esa puerta por lo que no iba a perder demasiado tiempo discutiendo con él, así tuviera que interrumpir su “consulta medica” puesto que según las palabras de Savannah, le diría a Lilith que la interrumpiera. Miró entonces al peliazul, inmutable, sin preocuparse demasiado por sus reacciones, no tenía culpa alguna puesto que la pelea de la peliverde había sido con Grell.- Vine a hablar con Morrigan, no con su guardaespaldas…- Exclamó, con total seguridad, sin importarle el que le gustaran o no sus palabras – Savannah dijo que podía hablar con ella, hasta donde se Lilith – Miró a la pelirroja por encima del hombro ajeno – debía avisarle que venía así que creo que podrá interrumpir su cita medica por un par de minutos…- Aseguró, tranquilamente.

Sebastian había respondido con algo de cinismo... eso no le gustaba. Daeron era caprichoso y exigente, que su deseo no se cumpliera involucraba malas reacciones, sobre todo cuando se empeñaba a buscar a Morrigan y, él consideraba, no era oportuno. Se cruzó de brazos, entonces, decidido a no apartarse, para tan solo encogerse de hombros sin inmutarse demasiado de aquella posición defensora. -Pues verás cómo haces pues ella no sabe ni sabrá de que estás aquí -respondió con hostilidad-, y con mi reina no llegas hasta pasar por su "guardaespaldas" -le citó, para mirar a Lillith por el rabillo del ojo-. Además... ella no sabe nada. Aléjate, no quiero que la perturbes más, ¿entiendes? Ya suficiente han hecho tú y ese "amiguito" tuyo, como para que vengas a ponerle la cereza al pastel.

La actitud de Daeron le hizo arquear una ceja, pero no iba a dejar que alguien que ni siquiera tenía que ver nada en el tema se inmiscuyera en sus asuntos solo porque creía saberlo todo. Además, él no iba a disuadirse de su idea de hablar y simplemente se iría, por supuesto que no, por lo que tendría que resolver aquella “disputa” de una manera u otra. – Bien Daeron, aclaremos el punto en donde, primero, yo no tuve nada que ver en su discusión con el payaso y, en segundo, no tienes nada que ver en esto. Lo que valla a hablar o no con Morrigan no es de tu incumbencia, ella decidirá si quiere hablar conmigo o no, así que si no te apartas tú, como dices, tendré que pasar por encima de ti…- Le dijo. Sebastián no era alguien se estuviera con miramientos, y estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario, incluso el utilizar sus inusuales habilidades.

-No comprendes cuál es la situación ¿verdad? -inquirió, incrédulo-. Me has llamado su guardaespaldas... déjame defender ese título -se escudó, para ponerse en posición defensora ante él-. ¿Qué con que no hayas tenido que ver con su "discusión"? Igual no estuviste para apoyarla... y no voy a seguir secando lágrimas por otros hombres -espetó, para sonreír de una forma bastante irónica, con sorna para el pelinegro-. Adelanta... te desafío a siquiera intentar "pasar por encima de mí". Si tan poco hombre has sido con Morrigan, dudo que llegues a tanto -burló, mientras se aseguraba de que Lillith hubiese seguido sus instrucciones y esta lo sacara de dudas con un gesto, para invitar entonces a Sebastian con un gesto-. Venga... el escenario es todo tuyo.

- Yo no quería causar más alboroto del necesario, pero ya que insistes, supongo que no me dejas más opción…- Exclamó, tranquilamente. La rosa en el ojal de su traje se tornó de un color ennegrecido y una sombra pareció cernirse tras la silueta del pelinegro mientras le miraba con sus ojos, ahora de un color brillante en lo que se quitaba los guantes y los tatuajes de sus manos brillaban. De las uniones de sus dedos parecieron surgir armas, eran simplemente platería echa de energía mientras le miraba, desafiante y retador. – Voy a pasar, quieras o no…- Le lanzó uno de sus cuchillos de energía junto a su rostro, más se desvaneció antes de llegar si quiera a tocar la puerta de la oficina de Morrigan.- ¿Seguro quieres que continuemos? -

No requirio ni siquiera moverse... había observado cada movimiento de Sebastian sin problema gracias a sus reflejos sobrehumanos y este ataque lo percibió desde que saliese disparado, sin necesidad de moverse lo dejó ir y no retiró su vista del pelinegro. Tras su pregunta, su rostro se vio nuevamente serio e inmutable, por lo que en un parpadear de ojos se vio a menos de un metro del pelinegro lanzando una patada alta justo a su rostro, tan feliz que era imposible se percibiera por cualquiera, sea mutante o humano. Tenía de nuevo las manos en los bolsillos y parecía no planear sacarlas de ahí de momento. Si realmente lo golpeaba, Morrigan enfadaría, pero quería estar lo suficientemente cerca para que su persuación llevase un efecto positivo en aquél y se largara de una vez.

Sebastián esquivó su patada, no le fue difícil, tenía los mismos reflejos que el moreno así, en ese sentido, no se dejaría intimidar. Se movió para esquivarle y se quedó prácticamente en el mismo lugar mientras, de pronto, un nuevo pensamiento surgió en su cabeza. ¿Por qué evitar hacer desastre? No era lo usual en él pero, después de todo, ¿como más podría lograr que Morrigan notara su presencia siendo que Daeron no quería decirle? Le lanzó más formas de energía y esta vez no solo una; a sus pies, a sus costados, a su cabeza, mientras su sombra buscaba “atrapar” la suya, pudiendo fundirse con esta y aparecer en su espalda para darle una patada y empujarle hacia adelante.

Daeron era capaz... había sido entrenado por la mísmisima Morrigan, después de todo. Así que esquivó tan rápido como pudo, era interesante ver a alguien tan rápido como él, le complacía hasta cierto grado, pero no permitiría que el jueguito siquiera de esta forma, tenía que acabar con él por la tranquilidad de Morrigan y el ruido ahora no era su problema, había hecho esto conciente de ello.

Por otra parte... Morrigan había estado muy ocupada con su terapía junto a Muraki, que había neutralizado por completo los poderes de la peliverde para que no terminara destrozando el piano que le había encomendado a tocar por ahora. Con ello, la susodicha no se percataba de lo que pasaba afuera, sobre todo por las paredes a prueba de sonido que tenía y la activación de una barrera de plomo por parte de Lillith para asegurarse de ello... además, estaba exaltada con todo lo de su terapía.

Con todo y ello, a Muraki no se le dificultaba sentir la presencia de aquellos y, al grado que llevaba su terapía, indicó a su amiga continuara en lo que él pasaba por algo de tomar con Lillith. Así, abrió la puerta con tranquilidad y, antes de que Daeron continuara, redujo las habilidades de ambos a absolutamente nada. Cerró la puerta, caminó un par de pasos y aplaudió tranquilamente, para mirar a Lillith y regalarle una seña de aprobación al haberse asegurado que no perturbarían la sesión con Morrigan. Estaba agradecido, porque sería inoportuno... además, ya Savannah le había comentado algo al respecto y Morrigan estaba lista a pesar de no saber absolutamente nada.

-Ha sido suficiente caballeros -dijo el albino, para hacerle un gesto a Sebastian-. Buenas tardes... soy el Doctor Zakutaka, para servirle. Justo ahora Morrigan está tocando una hermosa pieza de piano y está preparada para recibirle -le indicó, mismo por lo que Daeron estuvo a punto de arremeter pero Zilver envió una capa de plata a sus labios para mantenerlo callado-. ¿Podría pasar con ella?-


Se encontraba a punto de contratacarle al otro cuando de pronto sus habilidades se vieron reducidas a nada; no había sombras, ni platería, ni las marcas en su cuerpo. Estuvo a punto de replicar, creyéndolo obra del otro pero pronto se dio cuenta de que a él le sucedía igual por lo que solo al voltear fue que terminó dándose cuenta de la existencia del otro. Saludó con una leve inclinación de cabeza, poniéndose de nuevo sus guantes, sacudiéndose las ropas. – Buenas tardes Dr. Zakutaka… - Saludó, al hombre de blanco, para asentir a sus palabras – Bien en ese caso, con permiso… Luego terminaremos esto, Daeron – Exclamó de manera totalmente intencional para con el otro antes de pasarlo y al de blanco, haciendo un gesto de cortes saludo con su mano a la pelirrosa antes de entrar en silencio a la oficina de Morrigan, sin desear interrumpir la hermosa pieza que tocaba.

Morrigan estaba a punto de cortarle la cabeza a Muraki antes de que saliera... la indicación había sido cruda para ella, cruel, sobre todo con las últimas problemáticas personales que había sufrido tras la pelea con aquél payaso. Así que ahora estaba sentado frente a un piano negro de cola larga, exquisito, al que de ser por ella ya lo hubiese lanzado por la ventana, pero sus poderes estaban neutralizados. "Toca la canción de Mathew" había dicho el muy desgraciado... ¿Y se decía su amigo? ¡Bah! Era un torturador pues, no podía negar, sus manos temblaban de forma bastante evidente conforme cada tecla seguía a la otra sin problemas. Era tan fluída la canción cuando esperaba nunca más poder tocarla tras enseñársela a ÉL. Y no estaba tan errada en esa suposición, pues no tardó en verse desesperada y arremeter contra las teclas del piano, quejándose en quejidos roncos y molestos, golpeando con una fuerza humana las teclas y por ello sacando a volar a más de una antes de rendirse sobre el piano, completamente débil, ahogándose con su propio aliento... No toleraba esos recuerdos, pero tampoco lo demostraba a menos que fuera a solas. El otro día se salió de control con Grell y lo sabía, pero el tema tocado no había sido tan simple... respiró un par de veces, ajena a la presencia de Sebastian y bajó la tapa del teclado, para poder recargar sus brazos y luego sostenerse la cabeza con las manos. Le punzaba de dolor tras tal berrinche, pero tenía que soportarlo o, como le recordaba Muraki, jamás podría olvidar nada de lo sucedido.

Se mantuvo en silencio, apartado de su vista pero observándola desde su posición si mediar palabra. No sabía si el otro volvería o no. Pese a ello no desaprovechó el instante de hablarle cuando notó que finalmente se había rendido con el piano. Sus pasos, aunque el no lo hubiera querido así, se reflejaban en el suelo inmaculadamente limpio y recogió las teclas que habían volado por el aire tras la exasperación de la peliverde. Entonces, pacientemente, le dirigió la palabra. – Intuyo que una mujer como tú no tendría porque dejarse vencer por un recuerdo pero tal vez no sepa de lo que hablo – Admitió – Tal vez ese día no debí haber dicho nada puesto que no conocía tu situación a pesar de lo sucedido. Ambos tuvieron sus razones y, si es posible, me gustaría entender mejor el asunto y comprender las tuyas – Musitó – Te traje algo pero… Savannah me lo quitó en las escaleras – Se explicó, por venir con las manos vacías.

Había estado muy ocupada mentalizando las escenas perdidas... aún si no lo quería, venían a ella como un bólido. Estaba absorta en sus pensamientos y aquellos pasos, supuso, debían ser de Muraki, por lo que no tendría que inmutarse. Pero, cuando escuchó aquella voz que no se le dificultaba reconocer, se percató de su error: Era Sebastian, la había visto en un momento terrible, de nuevo, y seguro venía por una explicación. Fue entonces que se giró, tras dudarlo, para mirarlo un momento. Estaba acabada, en su rostro reflejaba el cansancio de noches en vela pero seguía viéndose hermosa, era algo que no podía quitársele a Morrigan. Era inmenza y naturalmente bella y, tas las palabras de Sebastian, lo primero que vino a su mente fue "recuerdoS", pues no era solo uno. -Lo tomaré como un cumplido -dijo ante lo mismo-, pero mis recuerdos son -hizo una pausa, desvió un segundo la mirada y pareció suspirar un segundo-, una historia muy diferente a ello -concluyó la frase, para mover sus dedos impacientemente contra su asiento, dudándolo-. Saber las razones... ¿realmente quieres saberlo? -cuestionó, seria, cediendo ante su propio engaño-, ¿crees que realmente puedes soportarlo? -cuestionó al final, para reír ante el comentario de que le había traído algo-. No soy tanto de los detalles ostentosos, seguro Savannah exageró y te dijo que trajeras un ramo entero -se pasó una mano por el cabello, hacia atrás-. Te aseguro que le gustan más que a mí... yo con una sola me siento conmovida. Es como recordarme quién soy y eso es suficiente…-

- Bien, en ese caso, pienso poder compensarte con esta única rosa que me queda…- Murmuró, quitándose la que tenía en el ojal, y entregándosela con sencillez, quedándose de pie a su lado. Bien sabía que los recuerdo eran siempre historias que iban más a llá de la manera en como una persona podía reaccionar o comportarse, sin embargo le preocupaba. Más aún por el hecho de que aquella reacción producida por los recuerdos de la peliverde iba totalmente en contra de lo que esta reflejaba normalmente; esa seguridad y sensualidad que le eran tan características parecían haber llegado a su límite tras aquella violenta reacción. Si hubiera podido sentarse a su lado, lo habría hecho sin dudarlo más no había suficiente espacio en el banco para los dos, por lo que solo se apoyó en el piano. – Tal vez no lo comprenda como tú quieres, pero al menos déjame intentarlo – Pidió – Todos quisieron impedirme el paso, diciendo que por mi culpa habías llorado, al menos permíteme saber si puedo considerarme culpable o, por el contrario, tu caballero de brillante armadura que es lo que creía hace un par de días…- Comentó, esperando su respuesta.

Sonrió delicadamente... Sebastian era tan atento, le encantaba ese romanticismo que le nacía de una forma tan sutil y elegante. Tomó la flor y le agradeció con palabras mudas, sin soltarla mientras le miraba apoyarse en el piano, para escuchar sus palabras y bajar el rostro un poco, pensativa por lo mismo. Debía decirle y lo sabía, pero los efectos con esa historia eran bastante... incómodos. -De acuerdo -cedió, jugando con el tallo de la flor-. Pero quiero aclarar que no ha sido tu culpa -comentó, antes de levantar la mirada y luego ponerse de píe, con ese atuendo empresarial que le sentaba de maravilla, para tomar la mano de Sebastián y guiarlo hasta la sala de dos sofás que tenía al otro lado de la habitación, sentándose e invitándolo a seguirla para tomar aire apenas él lo hubiese hecho-.

- Es algo de lo que yo no hablo -admitió, para sonreír de forma un poco forzada-, porque es demasiado duro para mí, como mujer más que nada -aclaró, para bajar el rostro y dejar ambas manos contra su regazo-. Me he casado más de una... lo he hecho hasta tres veces y en ninguna ocasión podría decirte que he sido feliz, pero la relación que más sufrimiento dejó en mí, seguramente fue mi primer matrimonio -pasó a contarle la historia, sin una completa capacidad de verlo-. Era tan joven y tonta... tenía que cuidar de Lillith y hacía lo necesario por eso. Trabajaba en los peores barrios para las peores personas y en vivía en un sitio terrible... fue ahí, en una tarde en que me atacaron unos delincuentes, cuando lo conocí -prosiguió-. Era alto, castaño, de ojos avellana y piel apiñonada. Él me protegió y nos conocimos... me enamoré perdidamente de él y, vaya, era tan loca que me casé con él una noche en Las Vegas tras dejar a Lilith con una buena niñera -hizo una mueca para sí misma, buscando un lado optimista-. Nosotros... eramos felices, los tres. Pero él se estaba involucrando en peores cosas y nuestra economía era una porquería, se hartaba y tomaba sin control, llegaba a casa y lanzaba golpes a diestra y siniestra, no me importó soportarlo porque lo amaba, entonces -carraspeó, para sonreír para Sebastian y levantar su vista critalizada hacia los ojos de él, encogiéndose de hombros-, me embaracé -reveló tras aquella pausa, para sonreírle de forma plena-, y era tan perfecto... estábamos tan felices... él, yo... Lillith incluso lo deseaba, todos en casa -admiró con gusto, bajando de nuevo su mirada-. Pero jamás tenía suficiente... y una noche llegó furioso, arremetió contra Lillith y... nunca la había tocado, no sería la primera vez -alegó ella misma, frunciendo el ceño-. Intenté defenderla... por Dios, tenía seis meses de embarazo, ¿en qué estaba pensando? -se llevó una mano al rostro, con frustración-, ¿cómo pudo golpearme estando así? -insistió, mientras que un sollozo se le escapaba-. Yo no podía permitir que me hiciera daño... tenía que defenderme -lloriqueó-, pero lo amaba demasiado como para herirlo... y a pesar de que le supliqué, de que lloré, de que grité... no fue capaz de dejar de golpear y golpear mi cuerpo... me sentía tan inútil, tan estúpida... creí que resistiría como siempre, pero no vi con claridad lo que estaba haciendo -negó con fuerza, para llevar la otra mano a sostenerse el cabello-. Le dio vida a nuestro hijo... e igual se la arrebató sin que siquiera hubiese nacido -su voz estaba ronca y no podía aguantar una sola lágrima, no podía soportarlo-. Él se fue cuando se percató de la sangre... los vecinos entraron y me llevaron al hospital tan pronto pudieron, pero era tan tarde... para mi hijo, era demasiado tarde... nadie pudo salvar a mi niño -aquejó levantando un poco su tono de voz-, lo perdí... lo perdí por estúpida, no fui para defenderme, para defenderlo a él, a su vida -se castigaba, una y otra vez, cubriéndose el rostro con ambas manos-, solo quedó una marca en mi cuerpo de todo lo que tuve... y una solicitud de divorcio firmada en mi mesa de noche del hospital... ¡Ni siquiera me habían dado de alta, maldición!-

- ¿Por qué no reaccioné a tiempo? Sebastian... ¿Por qué no fui la madre que debía ser para defender a mi hijo? -cuestionó. Estaba fuera de sus casillas, incontrolable. Pero, probablemente, era algo que debía hacer desde un principio... por más que a sus hombros le pesara y por más que su conciencia se destrozara.


A pesar de lo que le dijera, él quería escuchar lo que tuviera que decirle, le gustara o no, por lo que solo la siguió en silencio hasta el sofá, donde se sentó para escuchar lo que ella estuviera dispuesto a contarle puesto que, si era algo tan difícil para ella, le otorgaría toda su atención. Nada pasó desapercibido para el cirquero; ningún gesto, suspiro o palabra fue desperdiciado pues todas y cada una de ellas le daban una ligera pista, un indicio de quien había sido y quien era realmente en el fondo Morrigan Aensland. Ella era una persona mucho más allá de lo que dejaba ver su seguridad y sensualidad, y parecía estarlo aprendiendo a la mala pero no se arrepentiría. Escuchó la historia de su romance, el como sus ojos se humedecían al recordarlo e incluso el reaccionó al escuchar el tema de aquel hijo del cual no había sabido nada, solo intuido, desde la pelea de la peliverde con Grell. Pero a pesar de todo, él podía llegar a comprenderla puesto que, a pesar de que las experiencias de su vida no habían sido tan traumáticas como perder a un hijo, presumía que las razones por las que Morrigan apenas y se había defendido contra aquel hombre que tanto había querido anteriormente, eran las mismas que le motivaron a él en su juventud a solo mantenerse bajo perfil, como un mayordomo, y ello era el mantener aquella relación, el que esta no terminara fracturada si es que aquel hombre hubiera conocido sus verdaderas habilidades, que la hacían toda una diosa sobre los de su especie.

Cuando el relato se terminó, se mantuvo en silencio unos segundos más. No estaba seguro de cómo reaccionar exactamente y que la otra no lo tomara como lastima, pues es lo último que quería. Lo que realmente deseaba transmitirle era que la entendía hasta cierto punto y que no pensaba juzgarla por ese hecho de tener que hacer lo que hizo. Todos habían pasado por momentos duros. – Si lo fuiste. Fuiste la madre que no quizo romper su matrimonio, que quizo defender a su familia y mantenerla unida hasta sus últimas consecuencias – Musitó – desgraciadamente el destino no lo hacemos nosotros y la medicina de los homo sapiens no nos ha permitido llegar tan lejos como tal vez quisiéramos para salvar lo que amamos…- Apartó algunos mechones de su cabello y se permitió acariciar su espalda sutilmente.- Como dices creo que podré “soportarlo”, puesto que no quiero terminar siendo para ti lo que fueron alguno de esos tres hombre, nunca lo haría, y creo que si osara si quiera pensarlo, más de uno en este edificio estaría dispuesto a acabar con mi existencia – Dijo, intentando animarla de cierto modo – Los lazos van mas alla de la simple biología, por el hijo biológico que perdiste, obtuviste otros tantos “espirituales”, digamoslo así… No tienes porque seguir torturándote con eso – Le dijo con suavidad, aunque presumia que la peliverde no se conformaría con esa respuesta.


-Pero fallé -respondió ante lo primero, completamente frustrada-, no pude protegerlo... no pude mantenerlo con vida, se me escapó de entre las manos y... ni siquiera tuve la capacidad de verlo -dijo, bajando de su rostro aquellas manos, para mirarlas, aturdida-. Me hace tanto daño... lo había ocultado en el fondo de mi ser para no tener que dar explicaciones al respecto, para no ser débil de nuevo-. Pero, entonces, en el centro comercial -cerró los ojos con frustración, se llevó una mano al puente de la naríz y cerró los ojos frunciendo el ceño-. Grell dijo "Sí, me iré al infierno y, de paso, saludaré a tu hijo" -colocó su mano sobre su regazo y apretó la tela de su falda con fuerza, antes de soltar un suspiro tembloroso-. Lo siento tanto -dijo, en un tono ronco y carraspeando-, pero no me arrepiento de ese golpe... nadie, absolutamente nadie puede hablar así de mi hijo -se aseguró, para llevarse una mano al vientre, donde yacía la cicatriz de aquél evento-. Lo lamento... reaccioné por inercia -juró, intentando respirar-. Y sé qué es lo que me dices -aceptó-, pero... no es tan sencillo -admitió, para girar su rostro hacia el de Sebastian y mirarlo con atención, buscando recuperar el aire perdido-. Tuve un novio hace unos años -prosiguió-, después de mi segundo esposo... su nombre es Mathew LeBeau. Nos conocimos en Las Vegas y me enamoré de inmediato, así soy yo -dijo con una sonrisa débil-, estuvimos juntos apenas unos meses... me estaba sintiendo enferma, entonces fui a una revisión y me darían los resultados luego... creí que estaba embarazada de nuevo, sería ese mi primer hijo, al fin -comentó con emoción-. Pero cuando regresé a casa... Mathew me había dejado -bajó un poco el rostro-. Él había prometido estar conmigo siempre y no lo cumplió... entré en crisis, la casa cayó pedazo a pedazo y terminé herida, llamé a Lillith y me llevaron al hospital -rió de forma amarga-, ni siquiera sé si estuve embarazada o si tengo la capacidad de estarlo ahora... y así sigue la lista Sebastian -dijo, para bajar una mano a recargarse en su pierna-. En mi historia los hombres me han decepcionado... pero tengo la pésima suerte de seguir amándolos y seguir siendo estúpida -se quejó-. ¿Por qué te arriesgarías con una mujer que, en realidad, no puede prometerte nada? Porque tengo tantas cosas, tanto pasado, tantos misterios y no podré revelarte todos... ¿Qué tipo de ser querría seguir al lado de una persona que no puede serle sincera? -cuestionó, nuevamente frustrada-. He fracasado en todo lo que he hecho... y no quiero arrastrarte conmigo esta vez -

Por supuesto, a la luz de aquello tenía sentido que Morrigan hubiese abofeteado a Grell de aquel modo pero, a su parecer, ambos se lo merecían, aunque no fuera a decírselo a Morrigan; el pelirrojo por andar de boca floja y la peliverde se ganaba aquellos comentarios hirientes en respuesta a los suyos propios. Después de todo, según Grell, ella había empezado llamándole payaso, aunque el asunto poco le importara en ese instante. Por lo visto aquello eran una serie de historias concatenadas, el cuento de nunca acabar, y sabía que si en dado caso ella llegaba a desear contárselo en algún momento, no sería de una sola vez así que, con lo que hasta ahora le decía, se daba por más que satisfecho. – Todos tenemos nuestros secretos, Morrigan, y así como hay muchas cosas que pueda que no sepa de ti, lo mismo te sucede conmigo. Desgraciadamente para nosotros, los homo superior, que hemos vivido tal vez una vida más difícil debido, de una manera u otra, al rechazo que hemos recibido… nos es más difícil abrirnos con alguien más, aunque sea igual a nosotros – Suspiró – Si te soy sincero, no pensé que jamás entraríamos en este tipo de conversaciones. Intuía que una mujer de negocios como tú iba a aburrirse pronto de un payaso de circo como yo, pero veo que me equivoque – Una de sus manos se apoyó sobre la de Morrigan en su pierna – Pero ya llegados hasta aquí, debo convertirme entonces en el tipo de hombre que no te lastime. Dices que me arrastrarás contigo… Desgraciadamente no tengo mucho que perder, no es lo que me preocupa, pero tampoco tengo mucho que dar, más que un poco de ingenio y lo que hasta ahora has visto de mi – Señaló, hablando sereno mientras acariciaba suave la mano ajena – Tienes más que perder siendo la que de los dos está más herida, así que entre esto que tenemos, dejaré que seas tú quien tome la decisión, ya conoces mi respuesta – Sentenció.

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Ella
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MensajeTema: Re: Resolviendo un misterio   Dom Oct 09, 2011 10:50 pm

Lo sabía y lo suponía, estaba de sobra el decirlo. Sobre con la vida que llevaba todo mutante, según había aprendido ella en estos años y más con la hermandad, cada quien tenía una oscura historia que lo perseguía y lo seguiría haciendo por toda sus vidas. Eran cosas imposibles de olvidar, dolores que se mantenían en ti y, si no era en tu mente, lo sería en tu cuerpo. Ya se conocía todas esas historia y sabía que habían otras tantas detrás de cada rostro, de cada uno de su especie. Sebastian escuchaba, sabía hacerlo, eso le gustaba. Pero, el tener que contarlo, quizá no tanto... y sí, se convertía en una obligación desde el momento en que, se decidía, eran una pareja. Novio y novia incluso, eso era suficiente para decidir que el uno debía saber más del otro. Al escuchar lo que pensaba de ellos, tuvo que reír de una forma baja, ligeramente amarga por la información recientemente expuesta referente a su pasado, por lo que negó con la cabeza. ¿Aburrirse? ¿De Sebastian? Lo miró a los ojos cuando posase una mano sobre la propia, con una atención infinita ante aquellas palabras que desprendía calidamente desde su boca. Él había tomado una desición respecto a lo que quería con ella, de ella. Por lo tanto, era el turno de Morrigan el decidir y, como siempre, parecía que no podría tener una respuesta diferente a la que daría ante el amor. Aún así, sin tener las palabras clarar, por lo que tan solo se acercó un poco a su rostro, llevando otra mano a acariciar delicadamente la mejilla del pelinegro y acercarlo a su rostro en el acto, para alcanzar sus labios con los propios y hacer apenas una leve presión sobre estos en mimo dulce que prodría resolver más que mil palabras.

-Ninguna herida ha logrado detenerme lo suficiente antes -murmuró para él, abriendo apenas sus ojos para observar aquella imagen con atención, examinando su semblante-, no será la primera vez que lo haga... perdería mucho más si lo permitiera -se encogió de hombros, para luego dejar otro beso en sus suaves labios y soltar sus manos de él buscando de nuevo el afianzarlo, de una forma diferente pero asegurándose de que él estaba ahí. Lo rodeó con ambos brazos y recargó su frente en el hombro del cirquero, cerrando sus ojos para descansar un poco su conciencia y dejarse llevar por el cálido aroma que su novia tenía impregnado en el cuerpo. Al menos eso podría ayudarla en estos momentos, la calidez de un hombre y de sus brazos, de su cariño, de su afecto. Que pudiera estar con ella en estos momentos... eso significaría, seguro, más que cualquier otra cosa.

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La mayor rémora de la vida...
es la espera del mañana y la pérdida del día de hoy.

Lucio Anneo Séneca
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Mariuk
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MensajeTema: Re: Resolviendo un misterio   Miér Oct 12, 2011 10:32 pm

Le sostuvo la mirada al darse cuenta de que le buscaba los ojos y ante aquel gesto sutil de la otra ni siquiera se le pasó por la mente el resistirse. No quería lastimarla más. Además... A fin de cuentas le gustaban sus besos. Sus labios se presionaron de manera suave, casi sutil, en un mero roce que era màs cariñoso que pasional. Al separarse, sonrió leve de manera ladina al escuchar sus palabras. - Es bueno saber que no soy el único que da un paso al vacío...- Murmuró, sonriendo traviesamente antes de que los labios ajenos le alcanzaran de nuevo, y ella se aferrara a él con aquella necesidad que era casi palpable.

Sus brazos buscaron rodearla entonces, para tranquilizarla y confortarla, para darle su apoyo aunque no le sirviera de mucho en aquel instante de amargos recuerdos. Ambos brazos la rodearon a través de su torso, permitiendole acariciarle la espalda libremente, mientras apoyaba su mentón en los cabellos aguamarina. Se quedaría así todo lo que ella quisiera. - Me alegra haber podido servir al menos para algo...- Le murmuró - Creo que Daeron se equivocó al decir que tendría que limpiar las lágrimas de otros hombres... Por lo visto ese va a ser mi nuevo trabajo - Bromeó, sutilmente para intentar animarla y, a la vez, mostrarle su apoyo en aquella situación.

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MensajeTema: Re: Resolviendo un misterio   Mar Ene 17, 2012 4:07 am

Fue no solo el sentir cómo correspondía Sebastian a sus besos, sino que el ver aquella sonrisa despanpanante lo que le regresó suficiente seguridad para sentirse poder levantarse tras tantos episodios tan dramáticos. Se sentía sobrecargada y a pesar de que casi destruye a la mitad de la fuerza especial militar hace dos días, nada le pudo calmar como aquellos dulces gestos de parte de su pelinegro favorito.

-No te dejaré caer -prometió tras escuchar aquellas palabras-, no solo, al menos -finalizó, correspondiendo a la nueva sonrisa. Así, los fuertes brazos de Sebastian la protegieron, haciéndole sentir cómoda y en un sitio cálido, protector. Hacía ya bastante tiempo que realmente no sentía eso, lo cual revivía la herida que Mathew dejó, pero la curaba con la presencia del cirquero. Así, tan solo lo escuchó, para sonreír-. No le hagas mucho caso a ese niño... tiende a exagerar las cosas -dijo bajo, para suspirar profundo. Era verdad que Daeron sus razones tenía, pero también tendía a hacer una tormenta en un vaso de agua.

Así miró entonces una última vez a Sebastian y suspiró-. Supondré que esperarás que me disculpe con Grell -dijo, desviando la mirada. Era una mujer orgullosa después de todo y no cualquiera le haría rebajarse, pero si era por Sebastian era muy probable que sí lo hiciera: todo por mantener la paz de su relación.

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MensajeTema: Re: Resolviendo un misterio   Mar Abr 03, 2012 12:56 am

- Pues... la verdad es que creo que sería lo mejor... ambos se deben una disculpa - comentó. Tanto el pelirrojo a la peliverde como esta a él. - Además, el maestro no ha estado para nada contento cuando se enteró que habían peleado, y más aún en pleno centro comercial...- Se encogió de hombros y se llevó una mano por encima del hombro, como si se rascara por debajo la ropa, pero solo recordaba el lugar de su espalda que había terminado siendo mancillado por el mal humor ajeno. Menos mal que sanaba rápido o sino se habría acabado su diversión.

- Pero de eso podemos ocuparnos otro dia, ¿cierto? - Inquirió, besandole la frente sin dejar aquella expresión apasible, - Después de todo, lo importante es que mejores ese humor y esa cara larga que tienes..- Comentó - ¿Alguna sugerencia? - Inquirió, recorriendo el hueco de su cuello y hombro con su nariz. - Claro, sino puedes dejarme a mi el pensarlo... COmentó. Y por ciero tenía una muy buena idea en mente, seguro que sí. Perversa pero buena.

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MensajeTema: Re: Resolviendo un misterio   Dom Jul 15, 2012 11:51 am

Morrigan despidió un profundo y exasperado suspiro ante esa respuesta... no quería oírlo, ella poseía un ego enorme como para tener que prestar un poco de atención siquiera a alguien como el payaso. Bueno, no era que Grell fuera malo, era más bien que le había fastidiado terriblemente y dudaba de poder tratarlo de neuvo si quiera con un gramo de respeto. Lo que es más... dudaba de poder verlo sin querer írsele encima.

-Solamente -empezó, mirándolo de soslayo-, porque es por ti -aunque parecer rezongar en su interior, era obvio que aceptaba que es lo mínimo que podría hacer, más aún tomando en cuento el show que dejaron en el centro comercial y la vergüenza tanto como los regaños que seguro su novio sufrió, no quería pensar en castigos, mismo por lo que le miró con intención de disculpa en los ojos, antes de darle un beso suave en la comisura de los labios-. Lamento causarte tantos problemas... No soy en absoluto una mujer sencilla, ¿verdad? Te aseguró que me esforzaré por portarme mejor -agregó, aunque con una sonrisa un poco más traviesa y juguetona.

Acto seguido, escuchó a su novio sintiendo el beso en su frente, esas atenciones que le daba y la forma juguetona en la que se correspondían. Oh... Sebastian era un regalo que a Morrigan le hacbía fascinado y desarmado, a modo que se limitó a sonreír un poco.

-Me parece más divertido dejarme a tu gusto -murmuró, mientras llevaba una mano a tomarle por la nuca, acariciando suavemente su cabello-, estoy segura de que tú no me decepcionarías, Sebastian.

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MensajeTema: Re: Resolviendo un misterio   Mar Feb 19, 2013 10:42 pm

Sus ojos que intentaban formar la disculpa que sus labios no querían pronunciar, le atraparon en una simple visteada y luego, cuando le besó suavemente de esa forma que, mimosa, intentaba disolver cualquier enojo que pudiera tener, solo correspondió con un gesto apacible que le diera a entender que no había nada de ella que finalmente pudiera molestarle. Después de vivir y tolerar a todos los que vivían en el circo, incluyendo un humano, aprendía a ser paciente en cualquier situación.

Se sonrió sin embargo cuando Morrigan decidió dejar la decisión de lo que harían en sus manos. Fue por ello que, antes de cualquier cosa, le respondió. - Bien me conoces mi dama... Solo espero no decepcionarte - Comentó el cirquero, utilizando en la peliverde todo el poder de su atractiva mirada, cuyos ojos tintos aún brillaban recientemente por el uso de sus poderes por causa de Daeron. Sentía una de sus manos enredada en sus cabellos, por lo que tomó la otra y se la llevó a los labios para depositar un beso en el dorso. - Creo que, antes que nada, recuperar el animo es lo mejor que podemos hacer y, ¿Que mejor que perdiendo el aliento? - Sugirió, sonriendo. Había visualizado un equipo de música por el rabillo del ojo y lo había encendido utilizando sus poderes.

A la escena le hacía falta sensualidad, y en vista de los bruscos cambios de ánimo de la peliverde, no quería llevar las cosas a un extremo demasiado pronto. Primero, los ánimos debían calmarse. - ¿Baila usted, madame? - Inquirió, fluidamente - Tango, vals, paso doble... ejecutaremos lo que mejor le acomode si así lo desea... o podemos pasar del baile e ir directo al helado - Bromeó, sin aún levantarse del sofá, pero sin haber soltado su mano con una de las propias mientras otra rodeaba la cintura de la joven empresaria dada la cercanía de ambos cuerpos. Esperaba que ello le subiera el humor.

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